1 marzo 2024

Juan Tejera Pérez: esto no es nada…

Imagen: Juan García el día de su detención y mi abuela Frasquita junto a mi abuelo Juan en la entrada de su casa de Tamaraceite a principios de los años 80 (Archivo familiar).

«La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen»

Salvador Allende

Juan Tejera Pérez, sintió en un instante todo el dolor acumulado del maltrato y la tortura por parte de los falangistas y cabos de vara (1) en sus casi diez años encarcelado en los campos de concentración de La Isleta y Gando, isla de Gran Canaria.

Eso fue lo primero que le vino a la mente cuando dio la última picada y el risco se le vino encima. Entre el polvo y el estruendo sus hijos, Manolo y José, sabían que algo terrible había sucedido; metiéndose de inmediato en el corazón de la bestia jugándose la vida para desenterrarlo, pero no lo encontraban, quitando piedras y tierra embarrada vieron su boina ensangrentada, para en una media hora interminable encontrarlo con su pierna derecha atrapada bajo toneladas de escombro de la gigantesca cantería de Tamaraceite.

Lo primero que les dijo Juan es “que estuvieran tranquilos”, ”que aquello no era nada”, cuando vio sus rostros desencajados, recurriendo a su dilatada experiencia como cantero desde niño para indicarles dónde cavar para durante más de noventa minutos de duro trabajo sacarlo de allí.

Nada más llegar a la clínica en Las Palmas GC, los médicos concluyeron tras evaluarlo que había que amputar ante el total destrozo de la extremidad. Solo un galeno, el buen doctor Callejón, tuvo otro diagnóstico desconcertante y pidió que se lo dejaran en el quirófano para tras una operación que duró toda la tarde sacarlo en camilla con los enfermeros, su pierna fuertemente vendada desde la ingle hasta a los dedos.

Juan, mientras despertaba le daba las gracias con un apretón de manos al cirujano por librarlo de la inminente amputación, mientras recorría el pasillo repleto de guardias civiles, mi abuelo materno pensó por un instante que aquella movilización policial era demasiado para un humilde ex preso comunista, vio sus caras de odio, sus uniformes de un cuerpo manchado de sangre del genocidio aquella noche de mayo del 58.

En la habitación había dos hombres más, uno agonizaba por la metástasis del cáncer de pulmón, él otro muy mayor miraba al techo y no parecía enterarse de nada. Al rato escuchó la conversación de dos hombres con gafas oscuras, chaqueta, corbata y pelo abrillantado, peinado hacia atrás con brillantina, que dijeron algo de que en la habitación de al lado estaba ingresado su amigo y camarada el fugitivo de leyenda, Juan García, «El Corredera» (2).

(1) El cabo de vara era un presidiario que en España se encargaba de mantener la disciplina entre el resto de presos de una cárcel blandiendo el instrumento de castigo que le daba el nombre.

(2) Juan García Suárez «El Corredera» (Telde, Gran Canaria, principios del siglo XX – Las Palmas de Gran Canaria, 19 de octubre de 1959) fue un opositor al franquismo español ejecutado con el método del garrote vil.

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