«Y alzaba muñequitos de plástico, cargaba picón y barro del jardín de los helechos, adornada de sueños, pintada por manos pequeñas, iluminando los años con su dulce presencia intacta.»
Como éramos tan pobres en mi infancia mi padre que trabajaba el hierro me hacía con sus manos los juguetes para Reyes.
Antes no había regalos de Papá Noel. La grúa de la imagen que conservo como un tesoro a miles de kilómetros de Tamaraceite fue de los obsequios más bellos que me hizo.
Todavía funciona y muchos niños y niñas, familiares y vecinos han jugado con ella durante mas de cincuenta años. Ahora ocupa un lugar de honor en nuestra casa. Cada vez que la veo recuerdo a mi viejo y sus juguetes que no se rompen nunca.
Esta Navidad, de nuevo un año más, forma parte de una casa tomada por la flores y el aroma de la infancia humilde.
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