25 noviembre 2020

La tortura no es cultura

«Si los toros gritaran cuando se les tortura en la plaza, ¿Qué diría la afición? ¿Qué es música? ¿Qué son notas cargadas de tradición…? Lástima que no tengan nuestras laringes y nadie les oiga».

Silvia Marsó

La triste España que un día fue republicana y que tras una dictadura sanguinaria con más de 200.000 asesinatos, entre desapariciones, paseíllos con tiro en la nuca, tortura, paredones y fusilamientos, heredó la vergonzosa propina de estos cuarenta y pico años de poder franquista en cada estamento institucional. La propia monarquía es una herencia siniestra del fascismo de ese criminal de lesa humanidad del que hoy se conmemora el aniversario de su placida muerte en la cama. Uno que va contracorriente entiende que no se avance en la recuperación y exhumación de los miles de asesinad@s en fosas comunes y cunetas, lo más retrogrado de la historia sigue incrustado como un tumor maligno en esto que llaman «democracia», tenemos que pagar esas aficiones sanguinarias con nuestros impuestos, torturar a un animal noble e inocente para satisfacción de mentes enfermas. Tal vez esta imagen del toro y su nefasto «público» sea la perfecta definición de España. Sobran palabras.

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