5 diciembre 2020

La transmisión del horror

«La ausencia de sanción del crimen por parte del Estado reactiva el desamparo que opera como un factor desestructurante del psiquismo» –Diana Kordon y Lucila Edelman

Desde
muy niño sentí en casa ese dolor, esas palabras a media voz, los
susurros, los silencios que no decían nada, pero que trasmitían sin
saberlo todo ese sufrimiento generado por los crímenes fascistas en
mi familia. Años después toda esa tristeza encerrada entre paredes
de llanto ha inundado mi vida, lo que mis padres, la segunda
generación del genocidio, no fueron capaces de hablarme por miedo a
hacerme daño, me lo dijeron sin hablar, con la frustración, el
duelo eterno, las ansias de justicia, las ganas de venganza, el
miedo, ese miedo que se incrustó en mi corazón, trasmitido desde
sus sufridos corazones de huérfanos y víctimas del brutal
holocausto español.
Leyendo
el libro “Desenterrar las palabras, transmisión generacional del
trauma de la violencia política del siglo XX en el Estado Español”,
de Clara Valverde Gefaell (Icaria 2014), voy entendiendo tantas cosas
que han afectado y afectan a mi vida, situaciones que nunca había
entendido en mi comportamiento, en mi estado de salud mental, que
ahora me hacen ver algo de luz y entender gran parte de los problemas
emocionales que han surgido en mi ciclo vital.
Los
expertos en transmisión generacional consideran que esto es lo
habitual en una España que no ha cumplido sus deberes elementales de
cualquier democracia, para la verdad, la justicia y la reparación,
consintiendo deliberadamente una sociedad enferma del duelo
individual y colectivo, encontrándonos con cientos de miles de
nietas y nietos victimas de la violencia política, sin que en la mayoría de los casos esas
personas sean conscientes de lo que les sucede, de lo que llevan
dentro de sus mentes y que tanto daño les genera.
Una
Ley de Memoria Histórica que no sirve para, que se incumple de plano
en todas partes, incluso desde partidos de las supuestas
“izquierdas”, manteniendo el insulto que supone un callejero de
criminales de lesa humanidad en cada pueblo y ciudad, que no
incorpora la creación urgente de una Comisión de la Verdad, que
desvele hasta el último asesinato, la última tortura, la última
desaparición, que genere procesos para tratar y financiar desde el
estado estos traumas asociados al genocidio fascista en todo el
estado español.
Ya
nos han humillado demasiado a los familiares de los asesinados, lo
siguen haciendo desde cada institución pública, mirándote mal
cuando exiges verdad y reparación, poniendo todo tipo de obstáculos
y haciendo lo posible para que nos cansemos de seguir luchando
contracorriente. A veces sientes como que te hicieran un favor cuando
se abre algún pequeño proceso, pero que en el fondo todo es
mentira, que en este lugar del planeta su gobierno, su monarquía,
sus jueces, sus comunidades autónomas, sus diputaciones, sus
cabildos, sus ayuntamientos, no son más que la perfecta tapadera
para seguir ocultando el horror, una ideología instaurada en cada
estamento de un fascismo que lleva gobernando España desde el año
39.


Algún
día cuando hayamos muerto la inmensa mayoría de las nietas y
nietos, las victimas directas del trauma de transmisión generacional
por violencia política, se hablará de España como un estado
fallido, la patria del fascismo mundial, en ese momento ya será
tarde para cerrar todas esas heridas abiertas, se desbordará todo
ese odio de clase, estaremos condenados a que de nuevo se repita la
historia.

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