20 octubre 2020

La triste despedida

Imagen: Orfanato franquista dirigido por la Iglesia Católica.

«Yo a mis hermanos Roberto y José no los vi más cuando los sacaron de la Casa del Niño en Las Palmas hacia un destino desconocido, luego supe de la trama de robo de niños, que vendieron a miles solo en Canarias entre la Iglesia y Falange, que seguramente las monjas y los curas los hubieran vendido, es terrible perder así a un ser querido, porque no sabes que ha sido de su vida, si ha sido feliz, si lo han tratado mal o bien, se vive con esa cruz en lo más hondo del corazón.» Damián Herrera Almeida

«(…) Nos tenían desde por la mañana muy temprano en la Ermita de San Telmo, mi hermana era muy pequeña y no era consciente de que se habían llevado a nuestros padres la semana anterior, que posiblemente ya estuvieran muertos, Sarito jugaba con una muñeca vieja que le dio la monja de las Javerianas, yo tenía apenas nueve años, pero ya me daba cuenta de todo, nada bueno era estar allí, nada bueno que nos hubieran sacado del convento de Tafira y nos hubiera llevado hasta Triana. Don Ricardo era el párroco y andaba atareado pa dentro y pa fuera, mirando el reloj como si esperara a alguien. Cuando todavía no habíamos comido, yo creo que sobre las dos o las tres la tarde, paró un coche en la puerta, lo supe por el ruido del motor, las monjas salieron a recibirlos y don Ricardo les hizo una reverencia: -Excelencias bienvenidos a esta humilde casa del señor- dijo, eran una mujer con el pelo rubio y llena de collares, el hombre vestía de militar con montón de galones y medallas en el pecho: -¿Dónde están los niños?- dijo la mujer con acento peninsular. El cura presuroso nos tomó de la mano y nos llevó ante ellos, el hombre se mantuvo siempre varios pasos detrás con una sonrisa, la que llevaba todo era la mujer: -Será el dinero pactado con don Francisco Rubio el jefe de Falange- afirmó ante el asentimiento del cura, luego dijo: -Nos quedamos a la niña que es rubia el niño no nos gusta- A mi se me vino el mundo encima, la mujer cogió en brazos a mi hermana y empezó a llorar porque no quería separarse de mi: -Al niño lo querrá otra familia deje el dinero en la mesa- dijo una de las monjas. Aquel momento fue terrible porque fue el día que no vi más a mi hermana Rosario, yo les dije que quería irme con ellos, que era bueno, que me portaría bien, pero no hicieron caso, el cura me agarró muy fuerte por los brazos, no me soltaba, luego cuando salieron y se fueron en el coche intenté escaparme y perseguirlos corriendo, pero don Ricardo me agarró por una oreja y casi me la arranca: -Hijo del diablo estate tranquilo- dijo. No supe más de Rosario, ni donde la llevaron, ni quien era aquella gente, llevo toda mi vida pensando en que habrá sido de ella, a mi no me vendieron, seguramente influyó que no era agraciado, estuve en la Casas del Niño de San José y Arucas internado hasta los dieciocho años, he vivido siempre con la esperanza de encontrarla y saber que está bien…»

Testimonio de Ramón Fleitas García, huérfano de asesinados por el franquismo en Jinámar, fallecido en enero de 2014, jamás encontró a su hermana.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 5 de octubre de 2013, en el barrio de Las Rehoyas (Las Palmas GC).

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