27 noviembre 2022

Sigue la herida fresca y sigue doliendo

Imagen: ¿Porqué escoger un mal momento? Día especial de potaje canario con berros, queso majorero y gofio desde mi lejano lugar de autoexilio.

«Lo que no se pudo hablar por el miedo, la represión o el desbordamiento psíquico, fue transmitido de nuestros abuelos a nuestros padres y a nosotros de forma no verbal y en gran parte a través del inconsciente. Hemos heredado, sin darnos cuenta y sin desearlo, aspectos nocivos del impacto emocional de lo que vivieron nuestros abuelos. Esta es la llamada transmisión generacional

Clara Valverde Gefaell, de su libro «Desenterrar las palabras. Transmisión Generacional del trauma de la violencia política del siglo XX en el estado español» (2014).

En la remota infancia se manifestaba con terrores nocturnos, miedos indefinibles, inseguridad, vergüenza a situaciones normales, timidez excesiva… Con los años me fui enterando de todo por mi abuelo materno, Juan Tejera Pérez, el único que se atrevía a contármelo, era sobreviviente de las torturas indescriptibles sin vender a ningún camarada, el comunista de los doce años de cárcel tras el golpe fascista del 36.

Poco a poco fui configurando lo que sucedía en mi familia, como nos arrancaron de repente la sonrisa con los asesinatos de mi tío Braulio, el niño de cuatro meses que la noche del Alzamiento todavía navegaba tranquilo en el líquido amniótico de mi abuela Lola García López, el fusilamiento de mi abuelo paterno, Francisco González Santana, la persecución, detención, rapado, violación y humillación pública de mi tía-abuela, Rosa García López.

Un conjunto de situaciones que influyeron de forma determinante en la construcción de mi personalidad, yo era uno de esos niños de los silencios, de los susurros, de las culpas inexplicables, del maltrato brutal en aquel colegio de la calle Triana de Las Palmas GC.

Todavía cuando duermo profundamente y me despierto bañado en sudor con un ataque de ansiedad pienso en todo lo que nos sucedió, como el estado español no actúo sobre esta lacra como hizo Alemania, Polonia, Francia, Chile, Argentina, Uruguay…, poniendo a disposición de las víctimas un servicio asistencial gratuito de psicoterapeutas para ayudarnos a superar el conocido como Síndrome Transgeneracional de la Violencia Política. Tal vez han pensado que nuestra psiquis es indestructible, que somos de piedra ante la incidencia mental y emocional de tanto dolor.

He tenido que recurrir al yoga, a la meditación, a la medicación convencional, para superar esos instantes en que revientas por dentro.

Lo más triste es que todavía hay gente que piensa que todo esto no es nada, que son cuentos de rojos para que les financien un psicólogo con presupuesto público. No le deseo a nadie ese horror que se lleva muy adentro, hasta el instante final de la muerte, que marca a fuego en la piel del alma cada instante de la vida, el llanto invisible.