20 octubre 2021

Látigo de caballo

Abusos Iglesia Católica Imagen referencial. Crédito: Pixabay / Dominio público.

«(…) En Austria el número de denuncias de abuso sexual es de 837; en Suiza 294; en Chile 266; Perú 128 niños y adolescentes; en Argentina se confirmó el abuso de 20 menores sordos; en México se estiman cerca de 200 tan sólo entre los abusos de Marcial Maciel —fundador de los Legionarios de Cristo— y Nicolás Aguiar, y en Canadá entre 10 mil y 20 mil personas han sido indemnizadas por abusos sexuales…»

Beatriz Esquivel

«(…) Lo primero que preguntaba don Ramón Cifuentes Inglot, al llegar a la Casa del Niño, era si había algún chiquillo arrestado en el cuarto oscuro. Enseguida las monjas se ponían como locas porqué decían que era de gente rica, muy amable, guapo y elegante, la madre superiora, Sor Calvario, lo acompañaba por las aulas como si fuera una autoridad, el sacerdote que era muy alto llevaba siempre una pistola al cinto de su sotana ajustada a la cintura, un Rosario muy grande en el cuello, una insignia con el yugo y las flechas cocida en el pecho, en la mano una fusta o látigo de caballo, de los que llevaban los mandos militares. Al rato empezaba sus tareas, primero confesar a las monjas que hacían cola en la capilla, luego la misa con la Comunión y después visitar a los que estábamos arrestados. Yo lo sufrí tres o cuatro veces, entraba a la sala y nos pedía que nos bajáramos los calzones y nos pusiéramos contra la pared, allí no había luz, por lo que una monja lo acompañaba con un candil en la mano. Entonces nos sobaba el culo y las partes por detrás, antes de empezar a darnos latigazos con la varilla, nos pegaba en la espalda, en las nalgas, en los muslos muy fuerte, le daba igual lo que nos hiciera aunque no tuviéramos más de diez años, la sangre nos corría por las piernas formando charquitos de sangre en el suelo, una vez a un niño de Fuerteventura le arrancó uno de los testículos y hubo que ingresarlo varias semanas en el Hospital San Martín. Algunas veces nos llevaba a una de las habitaciones al lado de la torre, allí se pasaba varias horas dentro, a mi no me pasó nunca, pero los compañeros que estuvieron con él me decían que se acostaba con ellos desnudo y les hacía de todo. Luego después de la comida, conversaba un rato en el patio de la bandera y las monjas lo rodeaban, el cura les hacía gracias, contaba chistes, todas se reían, como si no hubiera pasado nada con nosotros…»

Testimonio de Sebastián González García, hijo de desaparecido del municipio de Santa Brígida (Gran Canaria), internado durante siete años en las Casas del Niño de San José y Arucas en los años del genocidio.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera el 8 de diciembre de 2016, en el Centro Sociosanitario de El Pino (Las Palmas GC).