27 de julio de 2026

Legado de amor

«(…) Asesinos de razones, de vidas, que nunca tengáis descanso en ninguno de vuestros días y que en la muerte os persigan nuestras memorias…»

Lluís Llach

Diego, mi padre, cuando salió del orfanato de Falange con dieciocho años, donde lo metieron a la fuerza junto a su hermano, quitándoselo a mi abuela, lo primero que hizo fue irse andando al cementerio de Vegueta en Las Palmas.

Allí encontró al sepulturero que fue testigo directo y participó en la inhumación de un centenar de fusilados en Consejo de Guerra y otros asesinados arrodillados a pie de fosa con el tiro en la nuca de un falangista.

El trabajador del camposanto le señaló el lugar exacto donde junto al alcalde comunista de San Lorenzo habían enterrado a mi abuelo Francisco. Siempre he sabido dónde está, fue la simbólica herencia de mi viejo.

En esta foto de la periodista de Informe Semanal RTVE Teresa Rodríguez Vega, cuando la llevé junto a su compañero el pasado 26 de noviembre a mostrarle varios de los lugares de exterminio fascista de la isla de Gran Canaria, le muestro el punto exacto donde están estos dos luchadores por la libertad y muchos más en todo ese triste lugar repleto de huesos nobles acribillados a balazos.

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