27 de julio de 2026

Loba en la memoria

«Y parecía ver por su ojos, sentir con sus manos el barro amasado de los años y el dolor…»

En aquellos días entre 2015 y 2020 Loba sentía el derrumbe de todo su universo familiar con la enfermedad de mi padre y su pérdida progresiva de memoria. La perra ejercía sin nadie pedírselo de cuidadora y guardiana del bienestar de los seres que más quería, posiblemente en su mente canina miembros más vulnerables de su manada.

Aquella era su vida, acompañar, mientras las agujas del reloj avanzaban inexorablemente hacia el desmantelamiento de lo que se encontró cuando la traje con menos de un mes apenas seis años antes del albergue de animales abandonados.

En la mirada de Loba están reflejados tantos momentos, la tristeza de vivir la pérdida de una parte de sus referencias del cariño, la felicidad de sentirse querida y ser una más de la familia allí en la humilde casita de Tamaraceite.

Cuando mis padres se fueron para siempre cruzamos el mar haciendo realidad uno de mis sueños, que mis perros pudieran vivir en un espacio de muchos metros cuadrados de tierra, árboles, hierba y flores. Loba lo merecía por todo lo que hizo por nosotros. Allí ha estado bien acompañada por otros amigos de especie estos casi cuatro últimos años, con agua fresca, piscinas, lugares donde explorar, noches estrelladas y caminatas cada día en nuestra compañía fuera del recinto por esos campos inmensos.

Mañana partirá hacia el arcoíris, será polvo celestial, un trocito de estrella que navegará por siempre en el infinito y en mi corazón hasta el fin de mis días.

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