29 de julio de 2026

Los sueños de Javier

«Era tan bello sentirnos tan unidos en aquella casa repleta de gente, el olor de la comida al fuego, los patos, las gallinas, las flores, los árboles, las cuevas de los antiguos…»

Manolo Tejera

Javier Tejera, fue el más joven de los cuatro hermanos que mi madre, la mayor de los cinco hijos de mis abuelos vio partir uno a uno hacia la eternidad desde su tristeza siempre sin lágrimas. El dolor indefinible lo llevaba muy adentro. Deportista, atleta, gran jugador de fútbol, hombre cordial, amable, que trasmitía una alegría y un optimismo contagioso. Sabía bien lo que había sucedido en mi familia tras el golpe fascista del 36, lo hablamos más de una vez, aunque apenas exteriorizaba las secuelas heredadas de tanto horror. Lo recuerdo en su vespa recorriendo la ciudad de Las Palmas siempre elegante, atractivo, tan humilde, también orgulloso en la brega infinita de su hijo mayor el gran luchador del vernáculo deporte canario, Juanfra Tejera. Mi recuerdo es eterno, imborrable, como la memoria. Invencible.

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