28 junio 2022

Lucha de vida

«(…) Créeme cuando te diga que me
Voy al viento de una razón que no
Permite espera cuando te diga no soy
Primavera sino una tabla sobre un mar
Violento…»

Vicente Feliú

Cuando empecé en el terreno sociocultural no imaginé que mi vida estaría ligada a tantas luchas, la militancia comunista desde los quince años y el desarrollo de acciones con gente joven de un barrio obrero de la isla donde nací, hizo que por lazos del jodido destino conociera en un curso de animación sociocultural en el pinar de Tamadaba a personas tan importantes en mi vida como Felo Monzón Geara, Javier Marrero Santana, Luis Jiménez Mesa y otras muchas comprometidas desde aquellos convulsos años 80 en la lucha por la transformación social, por generar en la gente conciencia dinamizadora para construir un mundo mejor.

Así sin querer, ejerciendo una militancia instintiva que me venía de familia, de repente me vi envuelto en distintos proyectos sociales que marcaron mi vida, a los que he dedicado casi cuarenta años de carrera profesional.

Pienso que sobra detallarlos, pero estuve muchos años en barrios que me enseñaron de valores humanos, de dignidad, de sufrimiento, de miseria, de mujeres levantándose cada día a las cuatro de la mañana en Lomo Blanco, muertas de frío en la parada de guaguas, para ir a limpiar cualquier casa en condiciones laborales de semi esclavitud, ver morir de sobredosis a muchos amigos, sufrir muchos años de persecución laboral por mis ideas, estar al borde del suicidio por tanta soledad, desazón y tristeza, conocer gente maravillosa que me ha acompañado en este viaje inimaginable.

En fin que uno mira hacia atrás y ve mil proyectos realizados, también errores de los que se aprende y se crece como ser humano.

Es curioso que uno tiende a comerse la cabeza con lo malo, cuando hay un 99% de cosas buenas, de experiencias maravillosas a la luz de las bombillas de mil noches de lucha, de ver cómo pasan los días, los meses, los años y ya no sabes como has aguantado tanto.

En Jinámar con jóvenes sin destino, en Schamann, en una casa de juventud autogestionada, en la Universidad Popular en cada barrio de una ciudad tomada por la pobreza económica y la dejación política.

Cuantos proyectos, cuántas acciones, cuantas luchas, cuantos conciertos y cuando pienso en música no sé porqué me viene Rogelio Botanz a la cabeza, cuando hubieron muchos más, tal vez porque la amistad se impone a la marejada infinita de la memoria.

Todavía sigo sin entender de dónde sale la capacidad de resistencia para continuar, para seguir creyendo que a pesar de tantas derrotas seguiremos hasta la victoria, aunque seguramente nos quedemos antes en el camino, serenos, paralizados, inertes, fríos, recibiendo los besos de quien nos siga amando, aunque nos hayamos marchado para siempre.

¡Gracias por tanto a tod@s quienes han compartido su viaje con este loco de atar!

Les llevo en lo profundo de mi alma.