2 diciembre 2020

Maestros de rebeldía.

Imagen: Bernardo Pérez, maestro fusilado durante la Guerra Civil, en la escuela de Fuentesaúco (Zamora) poco antes de 1936.

«(…) De nada sirvieron sus gritos de angustia antes del fusilamiento
Iglesia y caciques, misas y Estado los prefieren analfabetos
Con ellos peligra el tiempo que ocupa el crucifijo y la moral de clero
Por eso estas líneas desordenadas van en dirección de su recuerdo…» Barricada

«(…) Nos tenían tanto miedo porque éramos maestros, temían que desveláramos toda la verdad sobre la miseria de los pueblos, por eso fueron a por nosotros, cuando nuestra única arma era la instrucción de los oprimidos, de niñas y niños que no tenían más alternativa que sentarse delante de un cura que los convertía en seres sumisos, sin esperanza, con el miedo al diablo metido en lo profundo de los huesos. Eso quieren los poderosos, gente sin conciencia, sin conocimiento, aterrados de miedo a todo lo que venga desde el poder, desde el caciquismo ancestral que metió a nuestro pueblo bajo tierra, que nos obligó a comer tunera agachando la cabeza ante los dueños de las islas. Por eso nos detuvieron a Virginia y a mi, ni siquiera les importó que ella no tuviera la nacionalidad española, nos sacaron aquella noche de la casa cueva de La Montañeta a golpes, enseguida nos separaron mientras le rompían el camisón, la llamaban puta por vivir conmigo sin estar casados, medio desnuda la vi mirándome triste cuando la metían en el aquel coche grande y negro, la he buscado toda mi vida, jamás he sabido donde acabó aquel corazón cubano, puro y limpio. A mi me llevaron a la comisaría de Falange de la calle Luis Antúnez, donde me destrozaron por dentro de tantos golpes, colgado por los brazos me tuvieron más de una semana, sin tiempo, sin saber el día y la hora, estuve soportando la peores aberraciones que un ser humano puede recibir, no entiendo como estoy vivo y no acabé en el fondo de cualquier agujero volcánico, tal vez porque querían información, nombres y direcciones de compañeros del sindicato de maestros. El caso es que acabé condenado a cadena perpetúa en un Consejo de Guerra por delito de rebelión. Si rebelarse es educar sin miedo, soy un rebelde, lo he sido siempre y aunque no pude ejercer la docencia en toda la dictadura, siempre enseñé, clandestinamente enseñé, en aquellas academias de amigos en Madrid cuando salí de la cárcel y me fui de Canarias, allí sobreviví tantos años con una falsa identidad. Temen a la educación, le siguen temiendo, saben que es un arma invencible en la vanguardia de los pueblos oprimidos…»

Testimonio de Pedro Santana Peña, maestro republicano, nacido en el Zumacal, Valleseco, Gran Canaria, condenado y encarcelado durante doce años en las cárceles del franquismo.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, en Rivas-Vaciamadrid, el 4 de mayo de 2001.

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