3 octubre 2022

Manos de madre

«Nos daban de mala manera con las varas de acebuche, Doreste que luego fue alcalde, era uno de los que se habían virado del lado de los falangistas, allí vimos morir muchos camaradas, el campo de concentración de Gando era como el infierno».

Juan Tejera Pérez

Desde que el periodista, Eduardo Robayna, tomara esta foto para Diario Público en la clínica Cajal de Las Palmas GC hasta la actualidad, mis seres más queridos partieron de esta Tierra, mi madre mostraba orgullosa la foto de mi padre con sus hermanos y el perrillo podenco tomada en mayo del 37, pocos meses después de que los falangistas asesinaran en su cuna a mi tío el bebé de cuatro meses, Braulio González García; y que un Consejo de Guerra ilegal fusilara a mi abuelo, Francisco González Santana. Lola enseñó la foto como uno de sus mayores legados, en ella se aprecia el rostro triste de los niños, como si hubieran envejecido en unos días millones de años, la desolación de un paisaje después de la muerte, el dolor que nos ha acompañado durante tantos años, los silencios y susurros de mi infancia en una familia destrozada.

Eso parecen no entenderlo desde quienes tienen como «profesión» la política, tampoco por los que ejercen de técnicos, funcionarios del encubrimiento del genocidio, tapando, amenazando, tratando de meternos en las entrañas el mismo miedo que producían las sacas, los paseíllos, las brigadas del amanecer sacando de sus casas a nuestros seres queridos para torturarlos hasta la muerte, arrojarlos, tirarlos en cualquier agujero o fosa común como si fueran basura.

En este tiempo he sufrido persecución, acoso laboral por lo que escribo, hasta grises y tristes amenazas de querellas judiciales, tan solo por no rendirnos, por denunciar la dejación de quienes incumplen la Ley obstaculizando el sendero noble de la justicia.

No es fácil evitar caer en el victimismo, tratar de no dar pena, eso jamás, lo que nos mueve es la lucha hasta la victoria, no solo por la memoria de mis familiares represaliados, sino por todas las personas que han sufrido el horror del fascismo en cualquier rincón del planeta.