25 noviembre 2020

Matute y el gusto por la sangre

Imagen: Campaña de Amnistía Internacional contra la tortura.

«¿Usted usa reloj, verdad?», preguntó el fiscal. «Sí, mírelo», respondió ufano el comisario Matute, que tenía uno de buena calidad. «¿Y le gusta quitárselo para pegar a los detenidos?» Entonces, Matute se quedó callado. Aquel joven fiscal de 26 años, que había llegado a Tenerife en 1974 y que se llamaba Mariano Fernández Bermejo, iba en serio.» Jorge Berástegui

«(…) Solo salían de la sala de la Dirección General de Seguridad, situada en los bajos del Gobierno Civil de Santa Cruz de Tenerife para meterse alguna raya, luego venían frotándose las narices, con una sonrisa psicópata en la cara, dispuestos a seguir dándonos leña hasta la muerte. Yo sabía que aquel tipo que dirigía aquella brutal sesión era Cinturón negro, tercer dan, y profesor nacional de defensa personal, una vez lo vi en acción en un gimnasio que yo estaba en el barrio de La Cuesta. Lo más increíble es que no buscaba información, solo hacernos daños, el placer de generar dolor sin otro objetivo que satisfacer su exacerbado sadismo. El Comisario José Matute Fernández lo tenía claro, Samuel y yo sabíamos que era el mismo que había asesinado meses antes al militante comunista Antonio González Ramos. Podía ser la misma sala donde lo mataron, el mismo espacio del horror con las paredes manchadas de sangre, la que salpicaba mientras ejercían la tortura. Como estudiante de medicina tenía claro que si seguían un rato más íbamos a morir por hemorragia interna, nos daban con las toallas mojadas, nos metían agua a presión con las mangueras clavadas en nuestra garganta, no entiendo como sobrevivimos, las secuelas han sido de por vida, Samu falleció con apenas cuarenta años por un fallo multiorgánico, yo sigo viviendo con infinitas patologías. Aquella tarde después de la manifestación de estudiantes en La Laguna fue terrible, aparte de los golpes en todo mi cuerpo, me tiraba del pene casi hasta arrancármelo, también me metía un hierro caliente por el culo, parecía excitarse con esa práctica, nuestros gritos chocaban con las paredes, sentíamos que nadie nos escuchaba, es lo más parecido a una sala insonorizada que he visto en mi vida, lo recordaba cuando ensayaba con los amigos en Guamasa, me venían a la mente aquellos días terribles. Matute sabía lo que hacía, sabía parar cuando peligraba nuestra vida, dar unas horas y luego seguir y seguir hasta destrozarnos por dentro y por fuera, nos convertimos en piltrafas y llorábamos como niños pequeños, rogando que nos dejara de una vez, nunca he olvidado sus carcajadas, la cara de drogado, el odio que tenía en sus ojos…»

Testimonio de Sebas Sicilia De Paz, estudiante palmero torturado por el policía español José Matutes Fernández en diciembre de 1975.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, en el barrio de Lavapiés, Madrid, el 24 de agosto de 2012.

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