«El adversario es un compañero necesario para el progreso; la vida de la humanidad está fundada sobre este principio.»
Gigoro Kano
Entrené con Santiago durante tantos años. Antes y después de construir su mítico Sansofé en el barrio de Schamann en Las Palmas, la única instalación de la isla diseñada específicamente para la práctica del noble deporte del judo. Santiago lo fue todo en distintas disciplinas de la lucha. De los mejores puntales del deporte vernáculo de las islas, podía competir a nivel internacional sin ningún tipo de complejo ante cualquier rival. Sin excusas, con humildad, trabajo y sacrificio, puso el nombre de España en lo más alto del panorama internacional. Embajador de su tierra, colocó a las Islas Canarias en el mapa europeo del deporte.
Éramos una familia en aquellos años donde yo era muy joven, por allí pasaban los mejores judokas y siempre había hueco para el aprendizaje y el apoyo mutuo para mejorar.
Ayer me enteré por casualidad desde la distancia que también muy joven partió su hijo Santi, padre-hijo estuvieron siempre muy unidos hasta la pronta muerte de Santiago. Convirtiéndose Santi, aparte de su impresionante carrera deportiva, en su mayor valedor y biógrafo en cualquier entrevista o tertulia.
Por tierras peninsulares todavía hay gente de este mundillo que se asombra cuando se enteran que Santiago Ojeda fue mi maestro. Siempre les comento lo mismo: que era una buena persona y que nos hizo vivir a muchos en la rutina diaria de entrenamiento o competición un ambiente familiar y de respeto que jamás se me olvidará.
¡Hasta siempre a los dos! Ahora bregarán juntos en la arena o en el tatami infinito de la historia.
Más historias
Furia policial española
¡Hasta siempre Eloy!
Pollo Florido, merece más