12 abril 2024

«Estábamos amulados y todo el día llorando, de noche no dormíamos desde que nos metieron en aquel sitio frio y triste».

Diego González García

Foto de niños tras el asesinato de su hermano pequeño (4 meses) Braulio en diciembre del 36 y el fusilamiento de su padre Francisco (41 años) en marzo del 37.

La instantánea fue tomada en su casa de Tamaraceite (Gran Canaria) en abril del mismo año, días antes de que les arrebataran a mi abuela Lola a mi padre, Diego, con 11 y a mi tío Paco de 9 años, para internarlos en un orfanato de Falange denominado “La casa del niño”, al considerar que ella no estaba capacitada o cualificada para su crianza y debían ser educados en las ideas y principios del fascismo español.

Mi abuela iba casi todos los días caminando unos diez kilómetros y se sentaba enfrente de esta institución en el Paseo de San José de Las Palmas GC, ya que sabía que era utilizada por miembros del Régimen y de la Iglesia Católica para la venta de niños a familias adineradas vinculadas a la dictadura.

Tal vez por su insistencia al estar presente cada día en el exterior mirando desolada, no los vendieran como hicieron con miles de niñas y niños canarios, al igual que en el resto de España en la mayor trama de robo y venta de seres humanos de los últimos tiempos.

Mi padre era cauto al contarme esa etapa tan triste de su vida, quizá por su obsesión en no trasmitirme todo ese dolor. Pero no dejo de imaginar lo que pudieron sufrir tras su secuestro del seno familiar y vivencias de tantos años en ese oscuro lugar de abusos y mal trato gestionado por monjas y curas.

Sin duda la historia jamás absolverá a los causantes de tantas injusticias aún sin reparar.

About The Author