27 de julio de 2026

Odio a la fragilidad

«Mi dolor puede ser la razón de la risa de alguien, pero mi risa nunca debe ser la razón del dolor de alguien.»

Charles Chaplin

Era imposible vivir con tranquilidad porque como avispas cegadas por el calor de cualquier agosto picaban sin parar el cuerpo y el alma de las chiquillas. Humillaciones, vejaciones, tortura psicológica, agresiones físicas, burlas, ridiculización, zancadillas en las escaleras tras salir de una clase. Tanto desasosiego y dolor que las dos se fueron juntas, hermanadas en la tragedia vital, al parque más céntrico de la ciudad y se tomaron cada una un tarro de pastillas del botiquín familiar.

Morir abrazadas con los ojos cerrados, como cuando se hacían las dormidas los días de Reyes, esta vez huyendo del horror de quienes llevaban amargándoles la vida los últimos seis meses.

Esa crueldad ilimitada es lo más parecido al fascismo que he visto. Yo mismo lo viví en un colegio que utilizaba la violencia en su desconcertada pedagogía de la sangre ¿Qué hacer? ¿Cómo indagar en la profundidad infinita de unos ojos tristes de alguien tan frágil que guarda silencio por miedo y vergüenza?

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