24 septiembre 2021

“Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada produce una dulce muerte.”

Leonardo Da Vinci

Recuerdo amigo las charlas interminables junto al fogón de la chimenea de tu rancho, oliendo a leña, a la brasa siempre encendida para acoger a los amigos, infusión tras infusión, a veces yo echándole un chorrito de ron, de tus hierbas mágicas, capaces de revitalizar y de calentar hasta lo profundo del alma.

Las risas que nos echamos hablando hubiera frío o calor de lo divino y de lo humano, de anécdotas inverosímiles, de los abusos de los poderosos en tu pueblo de la preciosa Ribera Alta de Valencia, de tus hazañas construyendo espacios para que la gente pasara una parte de su vida, recorriendo los campos y recolectando especies vegetales desconocidas para mi, de tu sabiduría popular sobre la vida agrícola, sobre todo lo que cultivaste para dar vida, para sentirte bien regalando tus cosechas amables a la gente que más querías.

Hoy Pepe te has marchado para siempre a recorrer otros senderos universales, tu rostro era tranquilo, aliviado, seguro del certero viaje tal vez hacia otras constelaciones impensables para nuestra limitada mente, allá tan lejos, donde sonríe mi madre, más allá de lo que entendemos por vida o muerte, allí seguirás recorriendo montañas, buscando el mejor condimento, la mejor caricia de la naturaleza.

Gracias por acogerme, como si nos conociéramos desde siempre, gracias por enseñarme tanto en tan poco tiempo a mi que venía desde tan lejos.

Hubiera querido tener más años para intentar llegar a un diez por ciento de tu sabiduría, hombre de la tierra, de la montaña, del saber eterno de los pueblos.

¡Hasta siempre!