9 agosto 2022

Precaristas

Si vivir es sólo soñar, hagamos el bien soñando”. 

Amado Nervo

Sin pensarlo dediqué la tarde a plantar con mis manos hierbas aromáticas y hortalizas, el chico del vivero me dijo que la menta era considerada plaga por su capacidad de resistencia, por nacer y dar vida en sus pequeños retoños, por extenderse y contaminar de esa fragancia mágica hasta las tierras más secas y agrietadas por la sequía. Me dio igual, nos miramos cómplices cuando le dije “dame más de esa plaga me sumaré a su resiliencia”.

Ya casi de noche el cielo se volvió muy oscuro, como si fuera el fin del mundo, no tenía predicciones meteorológicas, no había mirado el móvil y sus avisos del tiempo, en nada comenzaron los truenos, los rayos que estremecían y daban esa sensación de miedo que viene de los tiempos ancestrales en que vagábamos por la tierra buscando lo indefinible, el misterio, lo desconocido, el olor de las gotas gordas de lluvia inundando la tierra recién plantada.

Luego supe que era noche de solsticio, me llegó un mensaje al wasap de mi amigo Miguel Monzón, con un documental, se trataba de “Precaristas”, sobre la lucha por el acceso a la vivienda que están llevando a cabo las vecinas del Sindicato de Inquilinas de Gran Canaria. Su objetivo es presentar algunos de los proyectos de vivienda autogestionados que existen en la isla como La Comunidad Esperanza, El Refugio y La Ilusión, entre otros. Proyectos organizados y habitados por personas empobrecidas y en riesgo de exclusión social; familias golpeadas por la «crisis», paradas de larga duración, migrantes sin papeles, madres con menores a cargo que han sido víctimas de violencia machista y así un largo rango de perfiles sociales que ilustran la composición de la miseria canaria. Las más vulneradas y olvidadas por la administración, las expulsadas del sistema, que sólo cuentan con sus manos y con el apoyo de la Federación de Anarquistas Gran Canaria. A través de los relatos de su lucha diaria y sus vivencias, nos acercamos a la cara menos atractiva y publicitada del «Caribe europeo».

Nada es casual: ni el barro de mis manos, ni las plantas, ni la brutal tormenta, ni la lucha de resistencia, ni la noche de solsticio alineando planetas y estrellas en el firmamento, volví a mi tierra por un rato desde mi exilio interior, vi rostros conocidos, lugares comunes de cuando trabajaba con lo que el sistema llama “sinhogarismo”, pensé antes de dormirme agotado en todo lo que he dejado en el camino, la oscuridad se blindaba de amor y de secretos.