5 marzo 2021

Retrato de la ausencia

El franquismo golpeó especialmente a la familia Vera. Mataron al padre de Fidela y Vintila, José, y a cuatro de sus tíos, tres por parte materna y uno por la paterna. La familia encargó este montaje fotográfico para incluirlos a todos. "Es el retrato de nuestros cinco muertos. A mi abuela le quitaron todos los hijos. Nos quedamos sin hombres. Las mujeres a la cárcel, y ellos, al cementerio". Eran socialistas. COLECCIÓN FIDELA VERA

«Franco también prohibió llorar. Los familiares de los fusilados no pudieron enterrar a sus seres queridos, organizar funerales, hablar en público del que faltaba en sus casas. Así que durante años, sin cuerpo, lápida, ni derecho a recordar en voz alta, la única forma de duelo para miles de viudas, hijos, padres o hermanos, fue contemplar, besar y hablar a sus fotografías. Julia Madrid tenía la de su hermano frente a la cama, para que su rostro fuera lo primero que viera al despertarse y lo último antes de rendirse y dormir».

Jorge Moreno Andrés (El duelo revelado)

«(…) Está todo bien tapado y estoy segura que nunca revelarán lo que le sucedió a mis tres hermanos en la Sima de Jinámar, lo que te estoy contando es uno de los mayores secretos de mi familia, nos dejaron sin hombres en la casa, solo quedó mi abuelo Antonio y porque tenía casi cien años, su demencia le hacía recorrer el pueblo descalzo desde la madrugada, se dedicaba a enseñar perros cazadores, a pesar de que la cabeza se le fue venían hombres de toda la isla en busca de sus cachorros, decían que eran perros de cumbre porque eran peludos, mezcla de mallorquín afirmaban algunos entendidos, el caso es que el viejo se hizo muy conocido y por Las Lagunetas venía mucha gente preguntando por él. Recuerdo que la noche que se llevaron a mis hermanos se levantó y se encaró con uno que era arbitro de fútbol, conocido como «El Pintona», mi abuelo escapó loco porque uno de los falangistas que lo conocía dijo que lo dejaran, que estaba mal de la cabeza, que no había estado nunca en política, pero estoy segura que aquella noche lo destrozó, ver como les pegaban a sus nietos, incluso a Luisito que tenía catorce años y que también se llevaron en el camión del Conde. Desde por la mañana mi hermana Carmen y yo bajamos caminando hasta Las Palmas, en el Gabinete Literario salió un falangista con un delantal lleno de sangre, se llamaba Ezequiel Corujo y era de Fuerteventura, pero con familia en San Mateo, nos dijo que por allí no estaban los muchachos, que creía los habían llevado a la Comisaría de Falange de la cale Luis Antúnez. Allí llegamos más o menos a las once de la mañana y era un trajín entrando y saliendo hombres detenidos junto a falanges y guardias de asalto armados, los que entraban todavía enteros, los que salían vivos no podían caminar, se arrastraban dejando un reguero de sangre. Allí tampoco estaban nos dijeron, en la misma puerta había un grupo de mujeres de Agaete que también buscaban a sus hermanos, padres, hijos, maridos, tampoco los encontraron, fuimos juntas caminando al campo de concentración de La Isleta, tampoco estaban allí, ya por la tarde acabamos en el Obispado junto a la catedral, en la Plaza de Santa Ana agotadas y llorando, el obispo Pildaín ordenó que nos dieran agua para beber y refrescarnos, con algo de comida, no nos recibió como pedimos, lo vimos asomado a la ventana con la cara muy triste, uno de sus auxiliares nos dijo que nuestros hermanos estaban desde la noche anterior en la Sima de Jinámar, todavía seguimos buscándolos, nunca he perdido la esperanza…»

Testimonio de Julita Monzón Cabrera, vecina de Las Lagunetas en los años del genocidio.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 7 de febrero de 1997, en la residencia geriátrica de La Garita, municipio de Telde.

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