«El ruido de los disparos se escuchaba por toda la playa de Las Canteras, parecía que el mar temblaba y las olas se convertían en afiladas navajas oscuras.»
Juan Cruz Ramírez
Mi abuelo, el de la foto, sigue en una fosa común. Su delito: defender la democracia y la libertad. Dejó viuda y tres hijos en situación de extrema vulnerabilidad y pobreza. 88 años después cuando escribo sobre su tortura y fusilamiento el 29 de marzo de 1937 hay mucha gente que guarda silencio, posiblemente porque no representa su concepción política de memoria y justicia.
Hay otros muertos al parecer de primera y una gran mayoría de segunda o tercera, sin derecho a una tumba digna. La decepción es inmensa cuando uno tiene principios y tiene claro que de todas las personas asesinadas por el fascismo sus familias deben tener el mismo derecho.
Hay silencios que dañan, que avergüenzan la dignidad, humillan la memoria de quienes fueron masacrados luchando por un mundo mejor.
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