«Hay una raza vil de hombres tenaces
De sí propios inflados, y hechos todos,
Todos del pelo al pie, de garra y diente;
Y hay otros, como flor, que al viento exhalan
En el amor del hombre su perfume.
Como en el bosque hay tórtolas y fieras
Y plantas insectívoras y pura
Sensitiva y clavel en los jardines.
De alma de hombres los unos se alimentan…»
José Martí
Cuando el mal se junta los árboles centenarios de lo más remoto de la selva Amazónica tintinean sin viento y agitan sus ramas.
Los animales lo saben y se introducen con miedo en sus madrigueras, mientras dos seres diabólicos hablan de trasladar a prisiones inmundas con la misma dinámica de los campos nazis a millones de seres humanos que tan solo han traspasado una frontera para mejorar sus vidas y salir de la pobreza extrema.
Ayer tembló el Orinoco y por el Gran Chaco una brisa helada removió las humildes viviendas con techo de zinc de los indios Wichi.
Dos demonios se encontraron para bromear sobre el hambre y la miseria humana, para planificar el horror y la muerte.
Más historias
¡Hasta siempre Eloy!
Pollo Florido, merece más
Derogar la memoria