25 noviembre 2020

Violación de la dulzura

Imagen: La grave depresión económica vivida en España tras la Guerra Civil empujó a muchas mujeres a recurrir a la prostitución como único medio de subsistencia. Eran mujeres completamente normales. Pobres, sencillamente, explica Javier Bandrés, profesor de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

«(…) Aquello daba miedo, las muchachas gritando cuando las metían en las habitaciones del puterío, los falangistas, los guardias civiles, los curas y aquella gente rica, terratenientes, caciques, los hijos y sobrinos del conde, todos fascistas pegándoles, forzándolas, violándolas. Varias niñas, más de diez, murieron con desgarros en la vagina y en el ano, las sacaron muertas y las metieron en sacos para desaparecerlas…» Chonita Cuevas Ramón

«(…) A las casas de putas del Lugo y de Vegueta traían a la hijas de los republicanos asesinados, muchachas de todas las edades, incluso niñas de diez o doce años, era lo habitual, se llevaban a sus padres para asesinarlos, desaparecerlos y luego secuestraban a las hijas y a sus esposas para violarlas, asesinarlas o sacar dinero con ellas en la prostitución. Muchos policías, falangistas y militares eran dueños de los prostíbulos, por lo que se convirtió en un gran negocio. Había tipos que pagaban una gran cantidad de dinero por estar con una muchacha virgen, no te puedes imaginar el dinero que se movía esos años entre el 36 y principios de los 40. Yo trabajaba en la casa de Rosita Cruz, en la calle 18 de julio, era una puta más, no muy agraciada, de las baratas podemos decir, pero cuando llegaron las hijas de los republicanos aquello fue un escándalo. Venía toda la jerarquía, jefes falangistas, militares y guardias civiles de alta graduación, curas de todas las parroquias, varios clérigos que eran la mano derecha del obispo Pildaín Sapiaín. Todos a follarse a las muchachas, a cogerse borracheras que nunca habíamos visto, cada noche peleas en las calles y en las casas donde trabajábamos. Me acuerdo de ver aquellas pobres niñas allí expuestas, temblando de miedo y aquellos asquerosos eligiéndolas, chicas que nunca habían tenido relaciones sexuales en su mayoría, que apenas habían tenido contacto con hombres. Es de los peores recuerdos que tengo de esos años, yo entré en ese mundo por la pobreza de mi pueblo en el Sur de la isla, pero aquellas chiquillas eran obligadas, forzadas a ejercer la prostitución de por vida, hasta morir asesinadas por cualquiera de aquellos psicópatas o enfermas de purgación…»

Testimonio de Lolita Torres Sarmiento, prostituta en el barrio del Lugo (Las Palmas GC) en los años del genocidio.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, en el Polígono de Jinámar (Telde), el 15 de enero de 2001).

Síguenos y comparte:
error14
Tweet 20
fb-share-icon20