27 noviembre 2022

Imagen tomada de la red

«Quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para levantar la voz».

Leonardo Da Vinci (1452-1519) Pintor, escultor e inventor italiano.

Nadie es profeta en su tierra, tampoco ha sido nunca mi intención, las personas más especiales, las que lo dieron todo, yacen por miles todavía olvidadas en fosas comunes, en el fondo del mar apotaladas, enterradas en pozos y agujeros volcánicos.

De alguna forma me enorgullece que los promotores de la “historia oficial” jamás me inviten a sus selectos eventos y jornadas de memoria donde siempre repiten la similar letanía. Las voces discordantes no suelen gustar a quienes defienden a capa y espada al fascismo y al Régimen del 78, sus torturas, sus desapariciones, sus crímenes de estado. Algunos “malditos” seguimos escribiendo en soledad, tratando de que la santa inocencia no sea enterrada para siempre por el hálito de sus mentiras impregnadas de sangre heroica.

Por eso me salí hace tiempo orgulloso del sumiso rebaño, me reconcilié con mi exilio interior, tratando de combatir con testimonios, con datos a los que levantan una especie de acta simbólica para dulcificar un brutal genocidio, crímenes sobre los que algunos publican y afirman que en las Islas Canarias apenas asesinaron a unas escasas cientos de personas.

Afortunadamente quedan otras voces, las que no se rinden y tendemos las manos al descubrimiento de la justa reparación.

En ello estamos con la certeza de que un día se hará justicia, con la humildad y la esperanza como premisas esenciales.