29 de julio de 2026

Yguarina y la brisa

«Aquella mujer vestida de negro, enlutada, apostada en la entrada del orfanato vigilaba día y noche para que no vendieran a sus hijos, la siento todavía preparando el café con leche con pan y mantequilla, la percibo, la llevo dentro, porque era mi abuela además.»

Nos une tanto a Yguarina y a mi, aunque naciéramos con tanta diferencia de años, que en este tiempo infinito que nos conocemos hemos compartido las mismas ansias de justicia y reparación, sufrido las mismas humillaciones institucionales, de quienes se ríen de las familias de las cientos de miles de personas asesinadas por el fascismo español. Ese que ahora ocupa escaños en el Parlamento y fomenta el odio hacia todo lo que les sea diferente. Por eso sus abuelos y padres ejecutaron ese brutal genocidio que sembró todo de fosas comunes y cunetas.

Esta muchacha que tanto quiero sabe bien lo que tenemos en común. Más de una vez me ha dicho que cuando yo falte ella seguirá hasta el final de sus días en esta noble causa de amor y ternura que es la memoria.

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