«Era terrible imaginar desde mi cama lo que recorría las calles mojadas de aquel invierno, cada ruido, cada ladrido de un perro parecía ser la señal de un nuevo infierno…»
Juan Tejera Pérez
Acababa de fallecer la bisabuela materna y mi abuela Frasquita González, sufrió un grave trauma por lo que se querían y unidas que estaban. Juan Tejera, mi abuelo, seguía cumpliendo los doce años de cárcel como preso político, en un principio condenado con la perpetua por “delito de rebelión” en aquel ilegal Consejo de Guerra con cinco condenas de muerte a los luchadores del municipio de San Lorenzo de Tamaraceite. En la foto mis tíos José y Javier Tejera junto a mi madre Lola también de luto riguroso. Hoy me decía mi prima la doctora Ana Esperanza, que fuimos afortunados por no haber pasado por ese terrible dolor. Hay dolores que atraviesan lo profundo del alma. Sus rostros lo dicen todo. Jamás olvido, jamás perdón.
Más historias
A bordo de la expedición
Madrugada en La Calzada
El cuidador de alzados