29 de julio de 2026

Herencia de las piedras

«Abajo del todo se acumulaban los restos humanos unos sobre otros, algunos todavía vivos amortiguados por la montaña de cadáveres se arrastraban destrozados varios metros hasta morir de hambre y sed o sencillamente desangrados a las pocas horas…»

Ramón Travieso Luján

Todo el cúmulo de ese dolor heredado por las piedras y los endemismos vegetales del piso de vegetación donde se encuentra el lugar de exterminio de la Sima de Jinámar en la Isla de Gran Canaria. Esa energía oscura se puede percibir cuando se visita en silencio y uno imagina allí a los detenidos llegando molidos a golpes por la tortura en el Gabinete Literario o en las comisarías de Falange de los actuales colegios La Salle en Las Alcaravaneras o Los Jesuitas en el barrio colonial de Vegueta en Las Palmas GC, centros educativos cedidos por la Iglesia Católica como espacios del horror indefinible y el crimen.

La mal llamada Sima es geomorfológicamente una chimenea volcánica de más de 85 metros de profundidad, algo así como un edificio de 25 plantas. Por allí los tiraban directamente de espaldas o tras un fulminante tiro en la nuca.

Aquí tan lejos de mi tierra donde vivo la recuerdo casi cada día, ya no puedo visitarla tanto como antes, solo cuando viajo a mi isla cada varios años. La Sima está siempre conmigo, me viene a la mente el recuerdo, la memoria invisible, cercenada, masacrada de los cientos de compañeros que siguen enterrados en ese averno de basura, vertidos, tierra, piedras, escombros y miles de huesos destrozados y cráneos con agujeros de bala.

No sé si lo veré pero estoy seguro que un día de cielo azul y furtivas nubes pequeñitas se sacará de allí hasta el último ser humano asesinado por defender la libertad y la verdadera democracia.

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