«Se les nota en la cara cuando ven al nazi italiano financiado por Ayuso y toda la mafia franquista violentando las universidades españolas, como se alegran de proteger a un fascista, cuando deberían estar al servicio de toda la ciudadanía porque cobran de nuestros impuestos. Será un verdadero peligro si esto se va torciendo y salen de nuevo a la calle a matar como en el 36 porque ellos tienen las armas.»
Rosana Berto Sanjuan
La mayoría de Guardias Civiles y algo menos en la Guardia de Asalto, simpatizaban con los sicarios de Falange y Acción Ciudadana, que se dedicaban a romper violentamente con barras de hierro y porras de madera las movilizaciones obreras en la ciudad de Las Palmas.
Las tabaqueras que asesoraba el abogado y diputado comunista Eduardo Suárez, las jornaleras y jornaleros que trabajaban en condiciones de semiesclavitud en las macro fincas de tomateros de los caciques ingleses, del Conde de la Vega Grande o de los Betancores, entre otros oligarcas, venían desde los años 20 desarrollando una lucha titánica en la Federación Obrera o la propia CNT contra la brutal explotación, el hambre y la miseria generada por salarios de vergüenza, trabajando de sol a sol.
Los agentes del orden jamás cargaban sobre los fascistas, hacían mutis por el foro cuando los veían llegar como fieras rabiosas a sueldo de la Patronal, que trataba de meter el miedo en el cuerpo a quienes salían a la calle defendiendo sus derechos.
Tristemente esos mismos mamporreros nazis encabezaron tras el golpe de estado del 36 las detenciones, torturas y los crímenes cometidos sobre miles de isleños que defendían la democracia y la legitimidad republicana.
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