27 de julio de 2026

La noche de las mujeres

Jose Maria Gil Robles durante un mitin celebrado en Covadonga, septiembre de 1934

«El abogado del Conde era un golfo y un maleante degenerado que desde la misma noche del 36 salió con los otros perros rabiosos a destrozar nuestras vidas y llenar la isla de sangre…»

Margarita Reina Ramírez

El abogado y mando de Falange en Las Palmas, Domingo Rocha Massieu, vivía con su mujer y sus cuatro hijas en una lujosa mansión junto al Hotel Metropol, lo que en la actualidad es Ciudad Jardín. Había sido candidato en las últimas municipales de la República al Ayuntamiento por el partido de la derecha caciquil, Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), encabezada por el diputado nacional y ex Ministro de la Guerra, José María Gil-Robles y Quiñones.

“Domi”, como lo llamaban entre sus camaradas del partido nazi isleño era muy aficionado a la bebida y a los antros de prostitución, muchos con esclavas sexuales esposas e hijas de los asesinados republicanos, algunas menores, que proliferaron en distintos puntos del municipio capitalino tras el golpe fascista del 36 como lugar de ocio y juerga de los sicarios de ultraderecha.

Se pasaba cada noche por los centros de tortura a beber, divertirse y recrearse viendo las atrocidades sobre hombres y mujeres que defendían la democracia, pero nunca participaba directamente en las “sesiones”, ya que era tendente al desmayo cuando veía sangre o vísceras de los detenidos.

Sobre las once de la noche regresaba a su casa como una cuba en su Ford Model último modelo haciendo eses por la carretera rodeada de arenales y dunas, en un tiempo donde apenas había construcciones en esa zona del territorio insular.

Cuando su familia escuchaba el motor del auto entraba en pánico por su extremada violencia cuando se emborrachaba. Las cinco mujeres temblaban de miedo por las brutales palizas que daba habitualmente a su sufrida cónyuge, Reyita Domínguez Naranjo, buscando cualquier excusa para armarla, como que la cena estaba fría o sus celos extremos si la veía arreglada o con los labios pintados:

-Me arreglé y me pinté para ti, lo sabes bien Domingo, yo no salgo ni a la calle- decía la mujer de unos cincuenta años, mientras recibía el primer puñetazo o violento cabezazo, luego en el suelo la pateaba hasta dejarla inconsciente en un charco de sangre.

Esa noche de marzo de 1937 parecía tranquilo, pero estaba muy serio y pensativo. Entró sin hablar tambaleándose con una herida abierta en la ceja de alguna pelea pidiendo la comida. Las muchachas se tranquilizaron al verlo sereno y cuando menos lo esperaban comenzó a gritar por algo relacionado con la limpieza. De repente tiró los platos y la botella de vino contra la pared profiriendo insultos a la vez que agarraba por el cuello a Rosita su hija mayor intentando extrangularla diciendo:

-Puta de mierda te voy a partir el pescuezo-

La chica casi inconsciente dejó de respirar por un instante hasta que su hermana María del Pilar tomó un cuchillo de cocina y por la espalda le cortó la yugular de un tajo al rico psicópata.

En el suelo entre convulsiones se fue desangrando hasta su muerte. Las mujeres se quedaron paralizadas mirándolo en silencio casi media hora. Luego sin decir palabra lo envolvieron en una alfombra del salón y lo sacaron al patio interior. Allí cavaron un agujero de metro y medio donde lo enterraron bajo la arena y se quedaron sentadas en el suelo arenoso exhaustas. Calladas, mirándose a los ojos bajo el cielo estrellado y una sensación de paz y tranquilidad hasta ese momento desconocida.

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