29 de julio de 2026

Cucañas de los tomateros junto al Cruce de Arinaga en 1960 (Günter Kunkel - Fedac)

«(…) Alzado sobre los páramos / igual que un cardón sureño, / con hoscas púas por fuera / y pulpa de amor por dentro. / Alzado sobre los llanos / como un cacto del Ingenio, / que enseña espinas al día / y flores de noche al sueño. / Así soy: canario hondo, / calmoso, grave y moreno, / como el picón de mi tierra / que tiene lava en el seno...»

Francisco Tarajano

Julián Medina Santiago, era capataz en los tomateros de los ingleses en las tierras costeras de Carrizal de Ingenio. Se había ganado a pulso el aprecio y reconocimiento por una parte del fascismo isleño, como por otra la admiración de los dueños de la isla.

El propio Conde de la Vega Grande y Mister Richard J. Yeoward lo recibieron cuando llegó triunfante, lleno de medallas, pero con un brazo menos y la cara quemada de la guerra de España, parecía un monstruo. Allá tan lejos a miles de kilómetros del infierno insular se ganó una fama de asesino matando rojos junto a los moros de Franco, llegando a unas islas donde en 1939 ya habían asesinado a más de cuatro mil demócratas:

-Tu ahora Medina debes trabajar conmigo y encargarte de la vigilancia de toda esta tropa inútil de gandules aparceros- le dijo el británico con sorna, añadiendo:

-Te follas cuando tengas ganas a sus mujeres y a sus chiquilllas en edad de recibir pinga para mantener el orden y que sepan bien quiénes seguimos siendo los amos de estas putas tierras-

Le entregaron una pistola Astra con una cartuchera de balas y una pinga de buey para que las llevara al cinto:

-Ahora tú eres el que manda aquí John Wayne y al que se salga del plato le metes cuatro tiros o le sacas la piel a tiras con el látigo tienes permiso para matar- exclamó el aristócrata sonriente mientras se tomaba un trago de wiski escocés.

Julián en pocos meses se convirtió en el terror de la aparcería sureña, le llamaban “El manco” y fue el responsable de cientos de violaciones, torturas y crímenes junto a una turba de compinches borrachos miembros de Falange que se pasaban las noches en bares de mala muerte y prostíbulos de Las Palmas, adonde bajaban en un coche chico que les regaló el cacique para sus andanzas y represalias sobre aquella pobre gente que sobrevivía en la extrema pobreza, viendo morir a sus hijos de hambre y enfermedades curables para los ricos y poderosos pero mortales para los empobrecidos al no tener acceso a las medicinas ni a los médicos.

En una habitación de cada cuartería vivía una familia entera, madres, padres, abuelas, abuelos y si algún hijo se casaba le buscaban un hueco en un rincón, sin baños ni duchas. Aquello era un foco de miseria, trabajando de sol a sol por cuatro duros y soportando los abusos de aquella banda de sicarios dirigidos por Medina “Caraquemada”, como también lo llamaban, que se llevaba a las niñas menores a su casa de tejado en la Playa de Vargas de donde las devolvía a la semana destrozadas tras días de malos tratos y brutales atropellos sexuales.

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