«Que va muchacho allí no cabía ni una mosca todos apretados unos contra otros, mientras nos daban palos con barras de madera hasta destrozarnos.»
Ramón Rodríguez Marrero
El 24 de julio de 1936, una semana después del golpe de estado franquista, el periódico Falange de Las Palmas publicó una lista de personas detenidas fieles a la democracia republicana que no cabía en sus páginas. Mi amigo Santiago Verona, me sorprendía ayer de nuevo con su trabajo de hormiguita, investigando y recopilando información que nos muestra la magnitud de la represión fascista en las Islas Canarias.
Ese espectacular y triste listado es incompleto y es solo el principio días después del llamado “Alzamiento Nacional”. Hubieron muchas más. Personas que pasaron por las comisarías o centros de detención sometidas a torturas brutales; y en el caso de las mujeres sufriendo agresiones sexuales en manada, donde los miembros de la organización paramilitar hacían cola fuera de los siniestros recintos donde amarraban a las mujeres para ser violadas una a una por cientos de sicarios armados.

Como si las chicas tuvieran que sufrir un doble o triple maltrato por su condición de género: vejaciones indescriptibles y ser abusadas hasta la extenuación por tipos sin escrúpulos y con muchas ganas de causar estragos en sus cuerpos y mentes.
Luego a las que no morían desangradas por los golpes o hemorragias internas por desgarros en sus entrañas las liberaban rapadas, con sus órganos dañados por las consecuencias físicas del aceite de ricino o el ron perrero (1), introducido con embudos que les destrozaban la garganta, sus cuerdas vocales y hasta la tráquea por la extrema brutalidad de la práctica, quedándose mudas por meses las que tenían la suerte de recuperar la voz y el habla.

Muchas de las personas de esta lista, entre ellas personalidades destacadas de la sociedad canaria o deportistas de élite, como el futbolista Ito o el luchador Pollo Florido, eran liberados ante su sorpresa de un día para otro, para esa misma noche o alguna de las madrugadas posteriores ser sacados a golpes de sus casas por las Brigadas del amanecer para seguir torturándolos hasta desaparecerlos en pozos, chimeneas, grietas volcánicas o fosas comunes como la del cementerio de Vegueta.
Los únicos que se libraban eran los condenados a muerte en Consejos de Guerra a los que no se atrevían a llevarse hasta su ejecución por fusilamiento en el campo de tiro de La Isleta.
(1) Se utiliza para describir una bebida alcohólica (ron o vino) que es de muy mala calidad, a menudo asociada con un precio extremadamente bajo.
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