«Cuando quienes debieran defender la memoria de los mártires de la democracia cercenan el derecho a la justicia y la reparación en la actualidad es como si fueran y formaran parte de los que firmaron miles de sentencias de muerte durante la dictadura militar franquista.»
María del Carmen Moreno Marín, doctora en historia
Lola y Diego mis padres, no tenían filiación política, ambos a su manera tenían su concepción de un mundo mejor, siempre junto a las personas de su clase trabajadora con orgullo de pertenecer a quienes mueven los cimientos de la humanidad para la consecución de unos derechos universales.
Ellos jamás abandonaron la causa de la memoria democrática, los crímenes fascistas en mi familia. Murieron en 2018-2020 decepcionados y tristes tras ser pisoteados y ridiculizados por los gobernantes de la isla de Gran Canaria.
Una casta política que aún en la actualidad su máxima prioridad en las escasísimas excavaciones y exhumaciones son los proyectos de asociaciones memorialistas de sus propios afiliados, ignorando a quienes no pertenecemos a su partido, ese que gobierna ahora mismo España, que olvida de forma intencionada y pone todo tipo de trabas y obstáculos premeditados para que nunca podamos sacar de las fosas comunes y enterrar dignamente a nuestros familiares asesinados.
Yo casi sin fuerza ni ánimo sigo su estela ya durante treinta años también muy desencantado con los “dueños” de la isla, un ministerio inoperante, fraudulento, con sus mentiras y pomposos actos para sacarse la foto mientras miles de canarios continúan aún enterrados y desaparecidos.
No sé cuánto aguantaré en esta descarnada resiliencia. Quizá también llegue mi final y el de otras personas que luchan por la justicia sin que hagan realidad nuestras demandas.
En algún momento partiremos los últimos y todo ese criminal genocidio quedará en el olvido, jamás reparado.
Seguramente la historia, cuando ya no estemos, recoja esta vergonzosa injusticia como un acto de encubrimiento e inmensa tiranía.
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