29 septiembre 2020

Algo más que un simple Martinete

Parecía vivo a pesar de las moscas y la sangre, parecía mirar al cielo en busca de sus amigos, de alguna forma invocaba a la escasa bondad de la especie humana.

La muerte de un martinete común (Nycticorax nycticorax) no parece importar a mucha gente, hoy 24 de agosto de 2020 en el barranco de Tamaraceite (Gran Canaria), era triste ver como pasaba la gente por encima de su cadáver, aparentemente tiroteado por algún asesino con escopeta de caza, sus plumas de colores, su aspecto fuerte de haber recorrido medio mundo para venir a estas islas a pasar unos meses, antes de volver a sus lugares de nidificación en el continente africano, contrastaba con la indiferencia de la mayoría.

Descorazona ver la pasividad institucional, la falta de vigilancia ante desaprensivos con ansias de matar, de abatir la belleza que decora el cielo, que vuela libre, sin pensar que desde tierra alguien le puede interesar matar por matar, ni siquiera para comer, solo para dejar luego su cuerpo abandonado, tirado como basura al borde de un camino.

Lo fácil que sería tomar medidas concientizadoras, convertir este trocito de planeta en una zona de alta protección de aves en serio peligro de extinción. Pero lo que nos parece fácil y sencillo a quienes amamos la Madre Tierra a otros que ocupan cargos públicos y cobran sueldazos de más de 5.000 euros al mes, no les hace sentir igual, no se les arruina el día por ver la muerte de lo mágico, la herencia ancestral que tenemos guardada de nuestros abuelos.

El martinete será consumido por la putrefacción, por la avaricia de unos pocos, por la maldad de quienes gozan con la sangre y con la muerte, mañana casi nadie lo recordará, tal vez sus compañeros de viaje hagan un vuelo rasante con la esperanza de encontrarlo con vida.

Este trozo de cosmos ha perdido uno de sus pilares, el más luminoso, el que hasta hace unas horas volaba libre entre la inmensidad.

La oscuridad nos ciega.

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