29 de julio de 2026

Canario sin jaula

«Mi mayor preocupación era que se lo llevaran de nuevo, yo sabía que Juan no se callaba, que se enfrentaba a los que nos causaron tanto dolor, no podía dejar de pensar en que volviera a pasar por aquel calvario que casi le cuesta la vida…»

Frasquita González Rodríguez

Tras la condena de muerte en Consejo de Guerra Sumarísimo por parte de los patriotas de ultraderecha, todavía no se sabe cómo a mi abuelo Juan Tejera le conmutaron la pena por cadena perpetua, que luego se quedó en doce años cumplidos a rajatabla en varias prisiones de Canarias y resto del Estado como Puerto de Santa María. Mi entrañable maestro en memoria me contaba desde niño que era analfabeto y aprendió a leer y escribir, también matemáticas, en prisión, de como tuvo la suerte de conocer a grandes intelectuales como el poeta del pueblo Miguel Hernández en el infierno carcelario de Alicante. Le llamaba cariñosamente, ya enfermo de tuberculosis, “Juanito El Canario sin Jaula”. En la foto con uno de sus perros, mi madre y mi abuela Frasquita con el rostro siempre tan triste de tanto sufrimiento en mi familia. La casa de Tamaraceite donde pasé toda mi vida era su íntimo refugio, si esas piedras volcánicas y esas cuevas ahora tapiadas residencia de los nativos ancestrales isleños hablaran. Tal vez no habría libros suficientes para recogerlas. Eterno dolor, eterna esperanza de justicia y reparación, jamás reconciliación, ni perdón.

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