25 noviembre 2020

Canción de cuna para un desaparecido

El 24 de enero de 2013 las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl anunciaban el fallecimiento de María Gómez Valbuena, sor María, la monja de 87 años imputada en dos supuestos casos de bebés robados. Sor María, a la salida de los juzgados en Madrid. AFP

«Había varias casas de gente rica vinculada a Falange que se usaban para el tráfico y venta de niños que les quitaban a las mujeres detenidas, dos estaban en Vegueta, otra en un chalé en el norte de la Isla, desde allí los robaban y los vendían al mejor postor.

Sor Rosario Sánchez Ledesma

«(…) A Carmen se la llevaron con su bebé de dos meses en brazos, los falangistas intentaron quitárselo pero fue imposible, la muchacha gritaba y se resistía, éramos dos mujeres más las detenidas aquella noche de agosto del 36, el niño no paraba de llorar, parecía percibir todo aquel miedo que teníamos dentro de nosotras. Nos llevaron en dos coches desde Tafira a una casa de Vegueta, era una mansión grande con un patio interior con dragos y palmeras, cuando entramos había cuatro monjas javerianas y un cura con un bastón que nos miraban con cara de odio, una de las hermanas nos escupió llamándonos ¡Putas rojas! nada más entrar. Dolores y yo íbamos amarradas con las manos a la espalda, la única que iba suelta era Carmen por llevar el niño en brazos: -Déjanos aquí a este ángel, será lo mejor para él y para ti desgraciada- dijo el cura al que llamaban Don Pedro, que luego supimos que era de apellido Lantigua, era un cargo importante de la Iglesia porque tenía su destino en la Catedral de Santa Ana y el Obispado. Carmen se negó y dijo gritando y llorando: -Si me van a matar maten a mi niño conmigo, yo no lo dejó con ustedes- Entonces uno de los falangistas, que era conocido porque tenía tierras y animales en el El Fondillo, de una familia de dinero que se apellidaba Fiol, agarró por detrás a Carmen y le apretó el cuello estrangulándola, ella daba patadas en el aire como una fiera y no soltaba al niño, entonces el falange siguió apretándole el cuello unos minutos hasta que dejó de respirar, nuestra compañera se fue quedando paralizada, muriendo delante de nosotras, de las monjas y del cura Lantigua. Al niño se lo quitaron de las manos las religiosas diciendo: -Ahora está en manos de la Santísima Virgen- envolviéndolo en una manta blanca. Carmen quedó en el suelo acurrucada, echando espuma blanca por la boca, con los ojos muy abiertos, parecía seguir mirando a su hijo…»

Testimonio de Flora Bustos Ojeda, costurera y miembro de la Federación Obrera en el municipio de Santa Brígida, Gran Canaria, en los años del genocidio.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 19 de julio de 2004, en La Calzada, Las Palmas GC.

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