26 enero 2021

Canción de Navidad

Rosa García, mi tío Lorenzo con una boina, mi padre Diego, con un cachorro en los brazos y mi tío Paco en la casa de Tamaraceite (1936)

«La cabeza de Braulio estaba aplastada por la nuca, el lugar donde el falangista lo golpeó contra la pared, Rosa y yo sabíamos que no escapaba, pero en nuestra locura hicimos lo que pudimos por salvarlo, a las pocas horas cerró los ojos como un angelito, no he vuelto a sonreír en mi vida.»

Lola García López

«(…) Tú abuelo había estado la noche anterior un momento en la casa, se había aseado y tomado un poco de gofio y queso de cabra, enseguida saltó hacia el estanque de Machado y se perdió entre las plataneras, estaba escondido en ese momento en las cuevas del barranco de María Lión cerca de San José del Álamo, parece que una de los Penichet lo había visto entrando por detrás y dio el aviso a Falange, por eso desde la cinco de la tarde de aquel 24 de diciembre del 36 toda la calle estaba vigilada, había coches aparcados con hombres dentro, guardias civiles en las esquinas de la Carretera General de Tamaraceite con fusiles en las manos. Tu abuela Lola y yo los veíamos desde la azotea, desde un cuarto de madera que usábamos pa tender la ropa, allí no podían vernos, parecían fieras sedientas de sangre parriba y pabajo armados hasta los dientes, ni un vecino salía a la calle, no paraba de llover y hacía mucho viento del Sur, los niños querían salir a jugar pero no los dejamos, yo los entretuve toda la tarde contándoles cuentos y jugando a los Indios y a los Romanos en el patio trasero. Sobre las siete de la tarde un coche se aparcó en nuestra puerta, dentro iban cuatro hombres que no paraban de fumar, el humo salía por las ventanillas medio abiertas, toda la calle olía a tabaco de Virginio. Nosotras estábamos temblando, sabíamos que Pancho no iba a venir en muchos días, pero temíamos por si le daba por aparecer a lo que fuera, lo iban a matar desde que lo detuvieran, lo harían pasar por un Consejo de Guerra y sería fusilado con seguridad. Dentro de la casa los niños nos preguntaban que comeríamos esa noche de Navidad, nosotras no teníamos ganas de nada, la despensa estaba medio vacía, pero Lola improvisó unas lentejas con cardos que habíamos cortado un día antes en la finca de Los Molina, al rato empezaron los olores, les puso un trozo de tocino seco que quedaba colgado del techo. Braulio de cuatro meses estaba ese día muy contento, se reía mucho o lloraba pidiendo la teta de tu abuela, tenía siempre los cachetes rojos y el pelo enredado en su cabecita. Después de cenar cantamos unos villancicos, eso le gustaba a los niños. Estábamos ya acostados todos pero diciendo cosas graciosas de una cama a la otra, recuerdo que tu padre Diego, tus tíos Paco y Lorenzo, dormían los tres en el mismo camastro de paja, Braulio en una cunita de madera colgada del techo por que había ratas y teníamos miedo que lo pudieran morder. De repente se oyó un escándalo fuera, el perro cazador de tu abuelo ladrando como una fiera, entonces se oyó un disparo y el perro chillando, luego otro disparo que fue cuando lo remataron en la cabeza. Tu abuela Lola fue a abrir la puerta, pero la echaron abajo a patadas, eran más de veinte falangistas todos vestidos de azul, oliendo a ron, dando gritos, diciendo que donde estaba Pancho González, registrando todo, tirando todo al suelo, dando golpes contra los muebles, los niños todos llorando abrazados a mi en la cama, Braulio solito colgado en la cuna desalado de miedo llorando muy fuerte, en ese momento uno de los falanges tropezó con la cunita, se cagó en Dios, cogió al bebé por las piernas y lo estampó de cabeza contra la pared. Se hizo un silencio aterrador, nadie decía nada, el niño tampoco lloraba, solo tu abuela a los pocos segundos empezó a chillar, a gritar como nunca había visto hacerlo a un ser humano, cogió al niño, le salía un chorro de sangre por la nuca, le puso un pañal pa tapar la hemorragia, pero aquello no lo tapaba nadie, yo me lancé contra el falangista que era vecino de Tamaraceite y policía municipal, le clavé las uñas en los ojos, entonces entre varios empezaron a darme culatazos en la cabeza y en el suelo patadas por todo mi cuerpo. Paco Bravo, jefe falangista de Tamaraceite dio la orden de salir de la casa, la escena era: tu abuela arrodillada con el niño en brazos sin conocimiento, los hermanos abrazados unos contra los otros sobre el camastro, la casa destrozada y las paredes llenas de sangre. Esa fue nuestra Navidad del 36 gracias a esos criminales, luego corriendo bajo la lluvia llevamos a Las Palmas al chiquillo envuelto en una manta y caminando hasta la calle Canalejas, donde vivía un médico que estaba celebrando la Nochebuena con su familia, en la misma calle nos atendió, pa decirnos que el niño no llegaría vivo al amanecer. De allí nos fuimos caminando de nuevo parriba, el chiquillo daba quejiditos como un perrito herido, llegando a El Puente dejó de respirar, tu abuela no me dejaba llevarlo en brazos, no lo soltaba, intentaba darle la teta y el niño no comía, no paraba de llorar y de aullar de dolor, así atravesamos Tamaraceite, la gente se asomaba por las rendijas de las ventanas y nadie salió a socorrernos, al día siguiente tu abuelo Pancho se entregó en el Cuartelillo cerca de la iglesia, a los pocos meses lo fusilaron junto al alcalde de San Lorenzo y varios compañeros del Frente Popular…»

Testimonio de mi tía-abuela Rosa García López.

Conversación mantenida el 24 de diciembre de 1975 en su casa de El Puente, Tamaraceite, Las Palmas GC.

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