13 de septiembre de 2026

Carlos Mortes, irreductible

El profesor y director Juan José Monzón, en el fondo del agujero volcánico, rodeado de todo tipo de vertidos durante el rodaje de su documental “La sima del olvido” (2017)

«Allí en la oficina del Ayuntamiento de la Carretera General el pobre Carlos tenía una oficina pequeñita rodeado de montañas de papeles y una vieja máquina de escribir, donde atendía a los trabajadores y trabajadoras de la mañana a la noche, asesorándoles ante cualquier abuso de los terratenientes. Por eso lo destrozaron en aquel trayecto antes de matarlo, no podían perdonarle que no les tuviera miedo.»

Santiago Medina Tejera

Carlos Mortes Rufino, era de los funcionarios mejor formados del Ayuntamiento de San Lorenzo, además de un cuadro destacado del Partido Comunista. Nacido en Barcelona, llevaba desde muy joven viviendo en las islas, donde formó una familia con la vecina de Tamaraceite Rosita Doreste.

No fue casualidad que fuera de los primeros detenidos desaparecidos, junto a deportistas relevantes y famosos como el luchador Pollo Florido o el jugador del Marino FC, Ito, tras el golpe fascista. Que aquella triste madrugada de agosto del 36 lo sacaran amarrado por el cuello con una cadena de la humilde vivienda de La Montañeta. De allí lo llevaron directo a la Sima de Jinámar en un vehículo de Los Betancores, con varias paradas en las cunetas de la carretera del Sur, para someterlo a torturas aberrantes, cortarle las orejas y sacarle los ojos con una cuchara.

Dos testimonios de falangistas arrepentidos me contaron en los 90 que Carlos aguantó no sabían cómo el brutal maltrato, no dando ni uno de los nombres y datos que le exigían entre golpes. Junto a la chimenea volcánica mantuvo la entereza hasta el último instante en que lo colocaron de espaldas entre dos falangistas, para descerrajarle un tiro en la nuca y arrojarlo al abismo.

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