4 agosto 2020

Celebración colonial

José Manuel Bermúdez, con una parte de su equipo de gobierno, tras la celebración de la moción de censura (Canarias Ahora).

Cuando la política se basa en el negocio y el enriquecimiento personal es que algo no encaja, no cuadra en el marco de una democracia diseñada para que roben siempre los mismos, para que el saqueo de lo publico sea parte del guión del régimen establecido.

¿Qué hace ahí esa bandera con las siete estrellas verdes? Lo más rancio y derechoso de la isla de Tenerife se ha alzado con el poder en el Ayuntamiento de Santa Cruz, no es que los que estaban fueran la panacea, también son del régimen, pero que esta retrograda oligarquía ultraderechista de nuevo tome el poder en esa isla resulta dantesco y surrealista. Una derecha casposa, de misa diaria, ultracatólica, vinculada al franquismo, al poder económico más oscuro, personajes metidos en todo tipo de escándalos, trapicheos, pelotazos millonarios como el de la Playa de Las Teresitas y un largo etcétera de «asuntillos» que avergüenzan, que repiten la historia de la política canaria, «recaudar» todo lo que se pueda en los años de gestión política. Un caciquismo heredado de los años del genocidio fascista, donde rebelarse contra lo establecido suponía la muerte, años de derecho de pernada de estos apellidos de la nobleza criolla, españolista hasta la médula, aunque saquen sus banderas independentistas, un perfecto engaño para conseguir votos. La derecha del banot y la manta esperancera. La que que toca el bucio para anunciar la llegada de sus virreyes, tipos metidos hasta el cuello en el fango más sucio que se recuerda en la historia de estas islas.

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