Vista de la Marfea y del antiguo túnel de La Laja, salida de la capital hacia Telde en 1936
«Era muy duro ver como metían aquellos cuerpos destrozados por la tortura dentro de los sacos. El roce de sus heridas con el fieltro les hacía gritar de dolor. Luego metódicamente, como si hubieran estado haciendo lo mismo durante siglos, los iban tirando al mar, uno a uno, entre las risas borrachas de los uniformados de azul…»
Juan Viera Lozano – Patrón de barco
A mi amiga y compañera de lucha por la memoria democrática, Sole P. López, le pidieron desde el Cabildo de Gran Canaria hace unos años el certificado de defunción de su familiar «apotalado» (arrojado al mar vivo dentro un saco).
Como ella misma también era personal de la institución insular de la isla, enfermero del hospital San Martín.
Lo asesinaron por sus ideas democráticas junto a sus compañeros sin que tuvieran tiempo de quitarse las batas blancas de sanitarios comprometidos con las personas más humildes.
En mi familia sucedió lo mismo, también el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria nos pidió un certificado de defunción, cuando en 2019 hubo una iniciativa ciudadana para ponerle a un callejón de Tamaraceite el nombre de mi tío Braulio González García, que con tan solo cuatro meses fue asesinado por un falangista durante un registro en la casa de mi abuela.
El niño no paraba de llorar por el escándalo y uno de los pistoleros lo sacó de la cuna y le destrozó la cabeza contra la pared.
Cuando la escuchaba este viernes en una reunión de la Agrupación de Familiares de esta fosa común contando la historia de su bisabuelo Manuel López Díaz, de como encontraron su cuerpo junto al de otros compañeros flotando en el mar para enterrarlo en la fosa común del cementerio de Vegueta, donde todavía en 2026 siguen sus restos vergonzosamente se me erizó la piel y casi no pude articular palabra.
¿Pedir certificados de defunción de personas desaparecidas por el fascismo, víctimas del terrorismo de estado?
Puro surrealismo, una burla más para seguir humillando a las familias de las miles de personas masacradas por el franquismo en Canarias.
¿En que libro estudiaron esas bestias para ocupar un cargo público?
Esta es la tónica general de los que ostentan sueldazo y poltrona en la «democracia plena» española, en la colonia isleña.
La fosa común del cementerio municipal de la novena ciudad más poblada de España sigue sin ser excavada en condiciones, más de cien fusilados siguen ahí bajo la tierra, las familias seguimos luchando, algunos como yo muy desgastados y con el corazón roto.
¿Hasta dónde podrán llegar en su extrema crueldad?
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