19 octubre 2021

Condenar si, pero sus crímenes

Una mujer manifiesta su apoyo al gobierno cubano en una calle en La Habana

«El mundo es una gran paradoja que gira en el universo. A este paso, de aquí a poco los propietarios del planeta prohibirán el hambre y la sed, para que no falten el pan ni el agua».

Eduardo Galeano

La derecha patria española desde los tiempos duros de la lucha armada es muy amiga de pedir a los que no piensan como ellos que «CONDENEMOS». Condenar es para estos tipos una forma de humillación, en cambio ellos no condenan el holocausto franquista del que son hijos y nietos, sus robos y corruptelas, los recientes genocidios en Colombia, en Honduras, en Chile donde por salir a la calle a protestar te pueden secuestrar y torturar hasta la muerte, violarte si eres mujer, acribillarte a balazos y dejarte tirado como un perro en un charco de sangre.

Este ha sido el modus operandi del imperio y sus sicarios en los últimos cincuenta años, montar dictaduras a la medida de sus saqueos en Argentina, Uruguay, Paraguay, etc y etc., sin que ninguno de estos prebostes condene nada ni pida perdón por ejemplo, por los 150.000 desaparecidos en Guatemala, en su mayoría indígenas.

Sus compinches y «demócratas» del tres al cuarto, junto a bandas de narcotraficantes, la CIA, Vargas Llosa, la Fundación de Aznar, la ultraderecha mundial y otras basuras a la cabeza nos piden libertad, democracia en países como Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Cuba, piden condenar, imponer sus gobiernos títeres al precio que sea, mientras friegan la sangre de los muertos, de los cientos de miles de personas asesinadas y desaparecidas en años de genocidio ilimitado en cada rincón del planeta, desde Vietnam a Granada.

¿Qué hay carencias en los países mencionados? Por supuesto que las hay?

¿Qué hay malestar en sus pueblos y ganas de cambio? Está más que claro.

Pero esta situación es la dinámica natural del sistema capitalista en los países empobrecidos y saqueados.

Cada pueblo debe ser responsable de sus cambios sociales y revoluciones sin injerencias externas por interés económico.

Afortunadamente hay lugares que no necesito nombrar donde la educación y la sanidad son gratuitas, donde cualquier hija o hijo de obrero puede acceder donde quiera sin que lo veten en su formación y proceso educativo.

¿Condenar? ¡Jamás!

Que condenen ellos sus matanzas y holocaustos.