3 diciembre 2020

Corazón en fuga

"El Violeta", cómic de Juan Sepulveda, Antonio Santos y la ilustradora Marina Cochet (Editorial Drakul), inspirado en la represión sexual a los homosexuales durante el franquismo.

Golpe a golpe nos obligaban a trabajar de sol a sol picando piedra allí en Tefía, los abusos de los fascistas eran constantes, no había medicina que curara aquel dolor, ni dios que escuchara nuestras oraciones.

Antonio Lozano Torres

«(…) En el pueblo sabían que yo era homosexual pero nunca la cosa había pasado de alguna burla, lo que era habitual en aquellos años con cualquiera que fuera distinto a los demás, lo que no imaginamos nunca es que tras el golpe de estado nos hicieran tanto daño. Yo vivía con mi abuela Lurdes en la casa de Utiaca porque mi padre en San Mateo nunca aceptó mi condición sexual desde que yo era muy pequeño, a él no le gustaba que yo jugara con las muñecas de mi hermana Luisa por ejemplo, que me perdiera con las chiquillas en aquellos bosques y montañas jugando hasta el anochecer. Mi abuela desde un principio me entendió, ella era una mujer muy mayor cuando me fui con ella, era muy religiosa y sin embargo entendía que yo fuera un niño especial. Por eso aquella madrugada cuando aparcó en la puerta aquel coche no pensamos que era el principio del infierno. Tocaron en la puerta y eran más de las cuatro de la mañana, Lurdes salió porque ya estaba levantada calentando el horno de leña para hacer el café. Tres hombres vestidos de Falange estaban fuera y preguntaron por mi. Yo apenas acababa de cumplir los diecinueve años, casi no salía de casa, llevaba una vida muy tranquila, solo participé en un par de exposiciones de los muchachos y muchachas artistas, de lo que era una especie de ateneo de Santa Brígida, al lado de la Casa del Pueblo. Un par de cuadros de los que yo pintaba en el pequeño taller de casa de abuela, no tenía más filiación política, aunque me gustaba mucho Federico García Lorca, Tolstoy, Whitman, el filosofo Thoreau, de los que tenía libros en mi pequeña biblioteca. Aquellos hombres nada más verme me amarraron las muñecas con alambre. Mi abuela les pedía explicaciones y uno que yo conocía de verlo por el pueblo repartiendo pan y que era de Las Lagunetas, le dio un empujón y la tiró contra la pared de la entrada de la casa cueva, dándose un golpe en la cabeza que la dejó casi sin sentido en el suelo. Entonces entraron en mi habitación, sacaron los libros como fieras, yo creo que de los tres solo uno sabía leer, porque era el único que abría los libros y los miraba, los otros solo ojeaban las portadas y sus dibujos. Entonces yo les dije que porque me hacían aquello que yo no había hecho nada. En ese momento me sacaron a rastras entre golpes, no me podía girar pero recuerdo que uno me golpeaba con un palo en la cabeza cada momento, yo movía la cara y me daba, movía la cabeza y me daba, hasta que empecé a notar como la sangre me corría por la espalda. Me llevaron en el coche, que luego supe que era de Eufemiano Fuentes, el que conducía era el panadero. Detrás iba en medio de los dos falangistas que me cogían los muslos y me los pellizcaban muy fuerte, también me tiraban de mis partes casi hasta arrancármelas. Yo gritaba de dolor, pero el que iba sentado a mi izquierda me decía: -Cállate puto maricón que esta noche te vamos a dar polla hasta matarte- En la zona de Bandama pararon el coche en una carretera de tierra al lado de una finca de viñedos, me sacaron a la fuerza y me quitaron la ropa a tirones hasta dejarme desnudo, me metieron a la fuerza aceite de ricino en la boca, luego me amarraron a un árbol y me violaron entre los tres. Me metían las pistolas en el culo y me decían que iban a dispararme, le daban al gatillo y luego no detonaba, así me tuvieron hasta que amaneció, después cuando ya se iban yo estaba en el suelo ensangrentado me echaron pintura azul en la cabeza y en la espalda y allí me dejaron hasta que me encontraron los trabajadores de la finca, y uno que me conocía, que era vecino de Las Lechucilla, me ayudó a soltarme, me dio algo de ropa y dinero para volver a casa…»

Testimonio de Santiago Vega Quintana, pintor y funcionario del Cabildo. Entrevista realizada el 5 de marzo de 2003 en El Tablero de Maspalomas (Gran Canaria).

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