“Señores, no estén tan contentos con la derrota de Hitler. Porque aunque el mundo se haya puesto de pie y haya detenido al bastardo, la puta que lo parió está de nuevo en celo”.
B. Brecht
Hitler se nutrió del lumpen obrero cuando triunfó en las elecciones durante la antesala del Holocausto. No solo sobre millones de judíos como nos han querido siempre vender, también sobre cualquier otra persona que consideraran inferior por ser de otra cultura, religión o un peligro para sus intereses: comunistas, anarquistas, socialistas, personas con discapacidad física o mental, LGTBI, etcétera y etcétera. Estos días en un grupo de wasap de técnicxs de juventud de la Mancomunidad en donde vivo una psicóloga colgó un PDF de un acto fascista. Concretamente lo que llamaron “merienda patriótica” organizada por la ultraderecha. Ayer mientras caminábamos vimos en la estación de tren a menores con banderas de España que venían de ese acto de exaltación del odio.
Uno que trabajó durante cuarenta años en el terreno sociocultural jamás había visto algo así, ni siquiera en los años duros tras la dictadura. Hoy se puede colar la apología del fascismo en cualquier foro sin que se aplique al instante la Ley de Memoria Democrática.
Solo una miembro de ese grupo mostró su disconformidad, el resto animadores y animadoras juveniles junto a cargos institucionales de distinto color político guardaron silencio. Lo mismo sucedió en Alemania la “Noche de los cristales rotos”. Siento mucha tristeza de la pasividad y complicidad ante el avance del horror. Cuando empiecen los “paseíllos” y las nuevas “cacerías” ya será tarde.
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