24 enero 2022

Las estremecedoras miradas de los presos políticos en posición de rodillas en la Cárcel de Porlier. Madrid 1940

«Allí nos tuvieron como sardinas en lata escachados unos contra otros vivos y muertos, locos y cuerdos, mientras los falangistas desde fuera se reían de nosotros y nos sacaban pa matarnos o pa llevarnos a Los Giles y darnos fusta de la buena con las pingas de buey».

Domingo Valencia

En el cuartelillo de la casa consistorial de Tamaraceite tuvieron encerrados varios meses a más de ochenta hombres, dormían unos sobre otros en un espacio muy reducido, donde apenas cabían veinte, sin ventanas, oliendo muy mal por no permitir el aseo personal, comían en latas de aceite cortadas por la mitad una especie de sopa con trozos minúsculos de carne, cucarachas y chinches, el mismo recipiente donde tenían que hacer sus necesidades fisiológicas y entregarlas a los vigilantes de azul.

La masificación y el mal olor apenas les permitía moverse y respirar, hablaban entre susurros al oído del compañero más cercano, vigilados por pistoleros falangistas desde el exterior de la reja, cualquier mirada cómplice o conversación sospechosa era motivo para que los sacaran y los inflaran a golpes con barras de hierro en espaldas, glúteos y la parte trasera de los muslos.

Esto generó muchas fracturas y contusiones graves de vértebras, costillas y columna, lo que provocó varias muertes, dejando aquellos nazis los cuerpos dentro de la celda varías semanas en descomposición, para que la peste, el gas nauseabundo, la imagen dantesca de la putrefacción, hicieran todavía más insoportable el cautiverio.

Los ataques de ansiedad eran frecuentes, había presos que intentaban suicidarse a cabezazos contra las paredes, destrozándose narices y cráneo, ante el asombro de sus camaradas que intentaban infructuosamente evitarlo.

Llegó un momento en que las sacas y paseíllos de madrugada eran casi una liberación, ya que por un rato podían respirar libremente camino del pozo o agujero volcánico, para ser arrojados vivos o tras un tiro en la nuca por los sicarios armados.