1 octubre 2020

De la malicia infinita

La manada y el perro

«Ella se apartó por la noche el pelo de la frente, y se esforzó por sonreír, él miró, respirando hondo, mudo, hacia el deslucido cielo. Y por las noches miraban al suelo cuando sobre ellos infinitos pájaros de gran tamaño en bandadas procedentes del Sur se arremolinaban, excitado bullicio. Sobre ellos cayó una lluvia negra.»

Bertolt Brecht

Esa sensación de sentirse protegido por un régimen que no ha dejado de ser fascista desde 1939, el sátrapa del genocidio de Iraq, donde muchos le siguen llamando el «Carnicero de Bagdad», esa impunidad, la misma con la que disfrutan por las calles de España torturadores como Billy «El Niño» o Jesús Muñecas. Así pasea consciente de que las armas de destrucción masiva jamás aparecieron, de que tres millones de iraquíes fueron asesinados desde que los asesinos de Las Azores planificaron la invasión para robar todo el petróleo para las multinacionales del Imperio.

No sentir remordimiento, ni siquiera afligirse un instante por ser culpable directo de que miles de niños fueran destrozados por los bombardeos sobre población civil, «daños colaterales» los llamaron entre las vísceras de la inocencia contra las paredes de las habitaciones del horror.

José María Aznar pasea tranquilo por Marbella refugiado en su mansión huyendo del virus junto a su consorte del ‘relaxing cup of café con leche’, la de los Fondos Buitre, la expropiadora de miles de familias humildes de sus viviendas para beneficio propio y de su hijo.

Esto es España, el reino de la corrupción, mientras miles de familias contemplan destrozadas las consecuencias de una enfermedad desconocida, perdiendo seres queridos en hospitales abarrotados y sin medios, repletos de muerte y desesperanza, con una sanidad vendida a la mafia de lo privado, personajes nefastos en la historia como este andan tranquilos, seguros de que con ellos no va la cosa, de que jamás serán juzgados por crímenes de lesa humanidad.

La maldad algún día será castigada, más temprano que tarde, la esperanza nos mantiene.

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