21 octubre 2020

De los tres hermanos y el abismo

Imagen: Pintura de José Ramón Urtasun de su exposición sobre el golpe de estado fascista del 36.

«En la Sima de Jinámar tiraron a mas de mil hombres aunque lo sigan tapando los gobernantes actuales. No por casualidad detonaron toneladas de dinamita en la superficie desde que los nazis perdieron la guerra, la idea de estos asesinos franquistas encabezados por Matías Vega desde el Cabildo fue enterrar para siempre todos los restos, cualquier pista de sus crímenes.» Carlos Cedrés Beltrán

«(…) Yo cuando vi a los tres hermanos en la finca de los Ascanio me quedé blanco, eran casi niños los Ramírez de Casa Pastores, el mayor no tenía más de veinte años, allí estaban con el resto de hombres que iban a ser arrojados a la Sima de Jinámar esa misma madrugada. Los pobres venían muy machacados, con heridas en todo el cuerpo de la tortura en la comisaría de Falange de la calle Luis Antúnez en Las Palmas. Siempre paraban los camiones en la hacienda del Maipez y desde allí caminaban hasta el agujero de la muerte. Esa noche habían fallado varios falangistas según les oí decir al jefe falangista de Telde José Navarro Déniz «El del Lomo», hablando con Modesto «El Barbero» y Fernando Ojeda. Entonces hablaron con mi amo Manolito Ascanio y le dijeron que les prestaran un par de trabajadores pa echar una mano en la subida. El viejo se quedó mirando pa mi y pa Juan Vega y nos dijo «que nos preparáramos pa ayudar a los camaradas» por Dios y por España. En ese momento se me vino el mundo encima, yo no quería ver tirando hombres a la Sima, pero no me quedó más remedio porque me jugaba la vida, si me negaba yo podía ser uno de los que tiraran esa misma noche. Iniciamos el camino, Juan y yo íbamos detrás recogiendo lo que les caía, tratábamos de no hacer nada, los falanges, unos doce, iban con pistolas y fusiles apuntando a los hombres que estaban todos amarrados con las manos a la espalda. Aquello era un calvario, como si subieran a Cristo pa crucificarlo al Monte de los Olivos, dejaban un reguero de sangre detrás de todas las heridas que tenían. Yo nunca pensé que llegaran arriba después de más de una hora caminando. Allí empezaron enseguida a tirarlos al agujero, se vería que lo habían hecho muchas veces porque formaron un pasillo entre los falanges y los iban empujando hasta el agujero, allí les pegaban un tiro en la cabeza y entre dos los cogían por los muslos y los tiraban al fondo. A los hermanos el jefe José Navarro Déniz dijo «que los dejaran pal final pa ver lo que hacían cuando fueran viendo como tiraban al otro». Yo me bebía las lágrimas, lo que no me veían porque estaba oscuro y la luz de la antorchas no llegaba a mi cara. Fue terrible ver los gritos de dolor de aquellos pobres muchachos cuando iban tirando primero a Pedro, luego Esteban, al final al más viejo Tomás Ramírez. Lo que más me llamó la atención eran las risas de los falangistas, como se pasaban las botellas de ron y se reían a carcajadas de los que tiraban por el risco. Decían comentarios como «mira este se cagó de miedo», «rojos cobardes», «maricones», que «si este era un cagado», que si el otro «era como una mujer», así se lo pasaron en grande hasta que no quedó nadie en la pequeña explanada de la sima, solo falanges riendo y recogiendo las sogas y limpiando con una escoba de palmera la sangre en el borde del agujero…»

Testimonio de Chano Medina Martel, jornalero y trabajador en la fina de los Ascanio en los años del genocidio canario.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 19 de junio de 1999, en el barrio de El Caracol, Telde, Gran Canaria.

Síguenos y comparte:
error13
Tweet 20
fb-share-icon20