“¡Qué espanto causa el rostro del fascismo! Llevan a cabo sus planes con precisión artera sin importarles nada.”
Víctor Jara
El tabaquero llegó a la comisaría de Falange en los Jesuitas a las diez de la noche. Allí lo esperaban Sixto García, Juan Pintona y Ezequiel Betancor, con los uniformes azules manchados de sangre por torturar durante varias horas a cinco jornaleros del tomate afiliados a la Federación Obrera.
El dirigente fascista alzó el brazo y gritó un enérgico ¡Arriba España! Al que contestaron los jefes sicarios cuadrándose y haciendo el saludo nazi:
-¿Novedades caballeros?- preguntó el terrateniente con media sonrisa cómplice al ver varias botellas vacías de coñac en una mesa.
Todavía en posición de firmes Pintona le respondió con voz ronca de borracho:
-Dos ojos sacados con cuchara, tres dedos cortados con tijera de podar, tres orejas arrancadas a pulso por este cochino señalando a García- hasta que no pudo seguir por las risas de sus cómplices, mientras los torturados agonizantes se retorcían colgados del techo de la sacristía por sus muñecas entre gemidos y llantos de dolor:
-Entonces “café del bueno” con las pistolas a estas basuras y nos vamos al Bar Alemán, se está haciendo tarde- exclamó el industrial.
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