27 de julio de 2026

Dignidad de los soldados de Cabo Juby

Foto del álbum familiar de la familia Moriñigo que muestra un grupo de los soldados fusilados meses antes del golpe del 36

«No podíamos disimular que también éramos militares y que íbamos a fusilar a unos compañeros de armas que tan solo pensaban diferente. Por eso no pudimos tratarlos mal en el barracón antes de que los fusilaran. Algunos no pudimos evitar las lágrimas al ver aquellos muchachos destrozados por la tortura antes de ser asesinados.»

Antonio Martel Cantero – Testigo directo de los instantes previos al fusilamiento

El 28 de octubre de 1936 fueron fusilados por los fascistas en el campo de tiro de La Isleta (Las Palmas) los militares del Cuerpo de Aviación (Escuadrilla Mixta del Sáhara), destacado en Cabo Juby (Protectorado español), que no quisieron ser partícipes del Golpe de Estado de 1936.

Por ello fueron condenados en Consejo de Guerra sumarísimo y asesinados en tandas de cuatro o cinco: Juan Gijón Rodríguez, Secundino Álvarez Otero, Antonio Alcalde Ruiz, Francisco Culleres, José Adorna Alcalá, José Aguilera, Luis Yebenes Parra, Jesús Rodríguez Romero, Francisco Moriñigo Criado y Francisco Grijalba Sánchez. Todos procedentes de distintos puntos de España, en su mayoría soldados de quinta que realizaban el servicio militar.

Ese día triste sus cuerpos acribillados fueron trasladados vestidos con sus uniformes en el denominado popularmente como “camión de la carne”.

Antonio Juan Cabrera Mederos y su hermano pequeño Ramón, los vieron pasar con sus ojos de niños desalados desde la azotea de su casa familiar en la calle Faro del populoso y luchador barrio obrero:

—Parecía que estuvieran vivos y nos miraban con los ojos abiertos, amontonados unos sobre otros, en aquel vehículo que dejaba un reguero de sangre atravesando toda la ciudad desde el cuartel de infantería hasta la fosa común del cementerio de Vegueta.

Para nosotros que a escondidas de la abuela Quica nos alongábamos desde la ventana del cuarto de lavado era muy impactante ver la triste escena, aunque ya estábamos acostumbrados, porque arriba en el volcán apagado no paraban de fusilar mañana y tarde- decía Juanito cuando nos encontramos la lluviosa tarde del 89 en su casa de Lomo Apolinario donde vivía con su hija Rosita.

—Aquello fue un escándalo y los disparos del pelotón se escuchaban hasta en Guanarteme. Parecía una cacería de conejos en la Cumbre, pero lo que mataban eran hombres inocentes que defendían la democracia- continuó el anciano con los ojos llenos de lágrimas mientras mirábamos un álbum de fotos antiguas de su familia, contándome cómo era la vida en aquellos años de miseria y persecución.

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