Domingo en el cuartelillo de la antigua Casa Consistorial de Tamaraceite. C7
«Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles».
Bertolt Brecht
Un día como hoy de 2019 se fue para siempre Domingo Santana Armas, más conocido por “Valencia”. Con 99 años de vida jamás abandonó sus principios revolucionarios desde que con apenas 15 años tras el golpe fascista fue condenado a muerte, conmutada por cadena perpetua al ser tan joven, en la causa 33/36, la que abrieron las fuerzas golpistas por los llamados sucesos de San Lorenzo, el intento de las clases populares de este antiguo municipio por frenar el alzamiento militar de Francisco Franco contra la democracia legítima entre el 18 y el 19 de julio de 1936. El mismo Consejo de Guerra que se llevó por delante por fusilamiento las vidas de sus camaradas, el alcalde comunista de San Lorenzo Juan Santana Vega, junto a cuatro miembros más de la Corporación municipal, entre ellos un amigo muy cercano de este luchador indestructible, mi abuelo, Francisco González Santana. Otra veintena de hombres fueron detenidos desaparecidos en ese rincón de la isla de Gran Canaria.
Domingo siempre me consideró su familia. Lo recuerdo desde muy niño en nuestra casa de Tamaraceite con la invisibilidad que da la clandestinidad. Uno más, un humilde obrero que se hizo gigante y eterno defendiendo unos valores invencibles.
No puedo olvidar como en varias ocasiones se solicitó al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria que se honrara la memoria de Domingo Valencia en vida con una calle de la ciudad, pero en dos ocasiones diferentes el gobierno municipal se negó a ello. Ante la insensibilidad política su mejor homenaje es la memoria.
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