27 de julio de 2026

Domingo Valencia: Una especie de unicornio

Domingo Valencia en su domicilio en Casa Ayala, junto a una foto suya, en su juventud, como militante del Partido Comunista. / LP

«En el campo de concentración la brigada intelectual me enseñó a leer y escribir, yo tenía solo quince años y me habían condenado a muerte, conmutada con una cadena perpetua…»

Domingo Valencia

Lo escrito en tantas páginas de la memoria emocional de unos seres que no se merecían pasar por lo que pasaron ¿Cómo se puede paliar el dolor? ¿Cuáles fueron sus culpas? La miseria moral de los causantes del genocidio isleño. Quizá aparte de ser casi de mi familia, Domingo Valencia, venía a casa y se sentaba a conversar con mis seres queridos. Yo de niño lo miraba desde abajo y lo veía gigante, como un árbol medio talado, resiliente, repleto de cantos de pájaros, siempre recordando aquellos años duros, pero que seguía creciendo al margen de los hacheros que no podían con su invencible conciencia. Tan pura y honrada que en sus silencios yo seguía escuchando como me decía desde su ternura: “recógelo todo”, “que no se pierda este inmenso torrente de dignidad”.

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