29 de julio de 2026

El alma de las flores

«Apenas abrir la puerta entraron como fieras, venían a por tu abuelo Juan, lo sacaron a golpes de la cama y ni siquiera lo dejaron vestirse diciéndome -Adónde va no necesita ropa-«

En la vieja casa de Tamaraceite que levantó mi abuelo Juan con sus manos hace más de cien años, los árboles, las plantas y las flores parecían haber absorbido de alguna forma mágica los sentimientos, las emociones y hasta los genes de mis familiares durante generaciones. Era el lugar donde mejor me sentía entre pájaros y una vegetación frondosa, fresca y húmeda, que convertía aquel espacio en un lugar mágico.

Cuando vuelvo a mi pueblo y paso por allí me da mucha tristeza, incluso desde el coche tras su venta en mi huida y autoexilio, evito mirar hacia lo que ahora es un espacio desolado, repleto de hormigón tras la tala de los dragos centenarios, plataneras, papayeros, ciruelos, higueras, los helechos…. Tan solo queda en pie resistente la vieja araucaria plantada por mi tío Manolo hace sesenta años.

La vida es un cúmulo de recuerdos y memorias, soy de los que pienso que hay que evitar de alguna forma el pasado que nos duele. Pero con este hogar no puedo evitarlo, habita en mi, sigue habitada por nuestro amor, aunque ya no sea lo que era.

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